Cultura

Leonardo Oyola: the eye of the tiger

por Marisol González Nazábal

09/07/2013

40 años atrás nacía en el oeste del Gran Buenos Aires este autor que toma al género policial y lo lleva a nuevos niveles, jugando con elementos de lo fantástico. Con varios títulos en su haber, logró cruzar el charco con "Chamamé" y "Gólgota", además de hacerse con el premio Dashiell Hammet al mejor policial en la XXI Semana Negra de Gijón (España). Su novela “Kryptonita” fue elegida la mejor de 2011 y está siendo traducida al francés. Con mirada y corazón de Tigre, tal como lo llaman sus lectores y amigos, Oyola no teme meter la nariz en lugares dónde la violencia y el delito son protagonistas. Entrevista con un narrador osado que a la hora de las preguntas asegura que su objetivo como tal es que “se acuerden de mis libros, no de mi persona”.

Leonardo Oyola: the eye of the tiger

Se puede ver a través de tus historias que hay mucha investigación pero también un profundo conocimiento de tu parte sobre los mundos que describís, ¿cuanto hay de cada uno y cuales son las vivencias propias que aparecen en tus libros?

Depende de lo que pida cada novela es que uno direcciona esa investigación, y qué de lo vivido o lo que nos hayan contado le presta. Con lo primero uno tiene que tirar en algún momento el ancla porque sino puede llegar a ser además de exhaustivo algo que se alargue durante mucho tiempo conspirando con el pulso inicial para escribir esa historia. Con lo segundo depende de cuanto tiempo haya transcurrido desde lo acontecido y que tan en paz estamos con eso para poder volcarlo a la ficción.

La Feria del Libro te mantuvo muy activo este año, ¿cuán importante crees que sea el hecho de que los lectores conozcan al autor de sus obras favoritas?

No creo que sea algo vital para el libro. Sí una oportunidad única para el autor y sus lectores la posibilidad de este encuentro. Las ferias, en mi caso, me han ayudado a sumar gente que se decida a leer algo que escribí habiendo tanto material y bueno, además de asignaturas pendientes para ponerse al día. Uno puede dar a conocer su propuesta. Y después son ustedes los que eligen arriesgarse o pasar de largo.

En una entrevista reciente te preguntan sobre el apodo “Tigre Harapiento” y respondes: “Me gusta que me digan Tigre porque es algo que gané con lo que hago y soy”, ¿a qué te referías?

A que uno a lo largo de los años fue teniendo muchos apodos, ya sea por características físicas o por lo que uno se dedicaba o también algún mote cariñoso. A mi me dicen el Tigre Harapiento, me quedó, por el título de mi primera novela: “Siete & el Tigre Harapiento”. Cuando empecé a circular y se preguntaban quién era yo me presentaban como el autor del Tigre Harapiento. O decían él es el del Tigre. Después fue simplemente el Tigre. Y eso me pone muy orgulloso. Porque los que me dicen Tigre son lectores y amigos que me han leído y me apoyan como escritor.

¿Te imaginas a “Kryptonita” traducido a otro idioma? ¿O sería imposible de entender por personas de otros países debido a su énfasis en la cultura popular argentina?

“Kryptonita” se está traduciendo al francés. Es un laburo enorme para los traductores, como ya ocurrió con “Chamamé” y con “Gólgota”, el tema de llevar nuestro argot al suyo. Al no manejar otro idioma sólo me resta creer en el trabajo de esta gente que me acerca a otro país y a otros lectores. Han sido muy respetuosos conmigo. Muy exhaustivos en sus intrigas. Qué se yo. Por ahora va bien.

¿Sos selectivo a la hora de elegir qué leer o simplemente devoras todo lo que llega a tus manos? ¿Qué te encontras leyendo actualmente?

Leo de todo. Tengo la suerte de recibir mucha obra de colegas. Y también soy de buscar textos específicos. Ahora acabo de terminar de leer “Los jóvenes” de Carlos Correa y “Mi libro enterrado” de Mauro Libertella. Y ya estoy arrancando con un gran hallazgo después de haber estado rastreándolo un tiempo: “Cárcel de árboles” del guatemalteco Rodrigo Rey Rosa.

En tus narraciones pueden encontrarse escenas cuasi cinematográficas, ¿soñas con la posibilidad de que uno de tus libros llegue a la gran pantalla?

Me encantaría. Ya he tenido señas por varios títulos míos. ¡Y ya me las he gastado! Hasta ahora no han pasado sólo de eso. Espero que se concreten alguna vez y que se termine filmando cualquiera de mis novelas. Y entiendo que lo que se vea en la pantalla grande sea algo inspirado en mi texto pero en definitiva una mirada, específica. La del director que lo quiera contar. No puedo pretender que sea fiel a lo que yo escribí. Sueño con ver una película basada en mi libro y que me sorprenda y emocione por más que yo sea el autor y la conozca bien a esa historia.

"Chamamé" acaba de salir en Francia y en España se agotan los ejemplares de "Gólgota", ¿qué sensaciones te embargan al saber que del otro lado del charco también se disfrutan tus producciones?

Son alegrías muy difíciles de describir. Me emociona mucho. El sólo hecho de pensarlo. Pero las veces que estuve allá y me crucé con un colega o un lector y me hablaron de mis libros; cada vez que recibo un correo o mensaje de otro país, no sólo de España o Francia, también de acá ya sea Chile, Paraguay, Uruguay, Colombia, México y Perú me sensibiliza mucho.

¿Cómo logras que los lectores se identifiquen con personajes cuya conducta aborrecerían en la vida real?

Uno a eso a ciencia exacta no podría afirmar nada. Sí creo en algo: a mis personajes, mientras los escribo, no los juzgo. Por ende el lector hace lo mismo. Una vez cerrado el libro, ahí charlamos.

¿Te imaginas escribiendo una autobiografía?

No. Soy un escritor de ficciones. He tenido una buena vida. No la considero extraordinaria ni algo para compartir más allá de los más cercanos. Aquellos que estuvieron ahí cuando nos tocó vivir algo para bien o para mal. Me parece que mis grandes éxitos, tanto los dulces como los amargos, son el asidero de verdad de las historias de mis libros. Sus puntos de partida. Después los gana la ficción.

Sos un tipo humilde y a pesar de tu juventud te has convertido en una de las “plumas” más codiciadas del país, ¿cómo haces para que la fama no se te suba a la cabeza?

Te agradezco mucho las dos cosas que decís de mi persona. No se si es tan así. Entiendo que la profesión de escritor y la exposición son muy simbólicas. Me alcanza con volver a lo de mis viejos para saber que soy más que nada eso: su hijo. Un tipo nacido y criado en Casanova. Punto. Como narrador lo que más quiero es que se acuerden de mis libros, no de mi persona.