Sociedad

¿Lo pasado, pisado? ¡Nunca!

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19/01/2015

¿Lo pasado, pisado? ¡Nunca!

El pasado nunca es del todo pasado porque sigue estando presente a través de objetos, relatos y prácticas que lo recuperan constantemente. Desde personas que se la pasan inmersas en el pasado con nostalgia y melancolía hasta quienes viven como años atrás por imposición cultural o voluntad propia, el pasado siempre está presente, y más de lo que podemos imaginar. ¿Te subís a la máquina del tiempo?

Por Alan Laursen | alaursen@revistamagna.com.ar

A menudo se dice que todo tiempo pasado fue mejor. Si lo tomamos como generalización puede sonar romántico y absurdo a la vez, y no hace falta pensar mucho para entender que universalizar esa afirmación carece de sentido. Sin embargo, hay muchas personas que idealizan el pasado y que quieren volver inconscientemente a un momento de su existencia en el que eran felices o en el que había personas en su vida que hoy por diversas razones ya no están.

Evocar el pasado puede ser positivo porque nos hace recordar buenos momentos y reconfortarnos con ellos y nos conecta con quienes somos, aunque muchas veces se corre el riesgo de caer en una nostalgia profunda si se vuelve persistente y afectarnos psíquicamente en el peor de los casos. No obstante la personalidad nostálgica no es necesariamente negativa porque puede ayudarnos a sobrellevar situaciones de soledad y ansiedad, tal como afirman científicos de la Universidad de Southampton (Inglaterra). Muchas excelentes obras de la literatura y el teatro han nacido desde la nostalgia del autor y están a la vez cargadas de nostalgia. También, un film que viene a mi mente es Cinema Paradiso del cineasta Giuseppe Tornatore, quien ofrece en su obra una visión sentimental de la Italia de posguerra a través del recuerdo de infancia del protagonista: Salvatore, quien de adulto es un exitoso cineasta y que ha adquirido esa vocación desde muy pequeño, cuya historia constituye la trama de la película.

Si la nostalgia no es necesariamente mala, sí lo es la melancolía, dos términos que suelen ser utilizados erróneamente como sinónimos. La primera es anhelar un momento, un lugar o una persona, algo del pasado, porque traía plenitud, mientras que un melancólico es una persona que ha caído en un estado de pena profunda en el que lentamente se sumerge cada vez más, pero no necesariamente tiene que ver con un anhelo de algo perdido. Aunque sí pueden presentarse juntas como una nostalgia melancólica en dónde sentimos una pena profunda por algo que extrañamos y ya no está y muchas veces no podemos volver a tener. De más está decir que la psicología y la psiquiatría se han ocupado profundamente de estas cuestiones.

Las familias Amish defienden el pacifismo y un modo de vida sencillo, del que no forman parte los autos, los televisores ni los teléfonos. | Imagen: enkicharity.com

La nostalgia y el pasado como estilo de vida

Hay muchas personas que en pleno siglo XXI viven como si estuvieran en el pasado, ya que es así como se han criado y es exigencia cultural de su medio. Sin contar las tribus que viven alejadas de lo que llamamos civilización o directamente en lugares inaccesibles, hay movimientos que inmersos en nuestra alocada y frenética vida moderna siguen viviendo como hace dos siglos. El caso emblemático es el de los Menonitas y los Amish, que son parte de un movimiento de raíces religiosas protestantes (cristianas) que se remonta a la Europa del siglo XVIII. Habitan colonias en todo el mundo bajo un estricto sistema de creencias y reglas, y viven en comunidad como en el pasado: sin electricidad, sin medios de comunicación y con herramientas antiguas, haciendo todo tal cual se lo hacía hace 200 años, incluyendo la actividad agrícola, la preparación de alimentos y la organización familiar. En Argentina se los puede encontrar en algunas zonas, por ejemplo en la provincia de Buenos Aires y Entre Ríos. Aunque actualmente se han flexibilizado, siguen viviendo en colonias y son pocas las comodidades modernas a las que se han abierto.

Muchas corrientes literarias y artísticas -imbricadas con el contexto político y económico de la época- buscan servirse del pasado y recuperar los valores que se consideran perdidos para volver a estabilizarse como sociedad. Ejemplos clásicos de ello son la Reacción Romántico Conservadora, que buscaba recuperar los valores y cánones medievales; y el Neoclasicismo, que se inspiraba en la antigüedad clásica, fundamentalmente la griega.

[caption id="attachment_6251" align="aligncenter" width="620"]A diario, Sara Chrisman lava su ropa a mano, lee literatura del siglo XIX y anda en su bicicleta de 100 años. | Imagen: ptleader.com A diario, Sara Chrisman lava su ropa a mano, lee literatura del siglo XIX y anda en su bicicleta de 100 años. | Imagen: ptleader.com[/caption]

Sin embargo hay gente que por convicción y voluntad propia decide dejar atrás la vida moderna y vivir como en el pasado o al menos recreándolo, a contramano de todo el mundo y sin importar lo que los demás vayan a pensar. No sería un caso tan extremo como el que plantea la película La Aldea (altamente recomendable) sino que se trata de situaciones como la de Sarah Chrisman, una mujer norteamericana (de Seattle) que decidió de un momento a otro vivir como en la época Victoriana, es decir, la Inglaterra de los años de la Reina Victoria y el Imperio Británico. Toda una era de marcadas modas, costumbres y estéticas cargadas de significado, mayormente moral. Por ello comenzó a vestir como en esa época y por supuesto, a usar tecnologías y productos típicos de ese momento histórico. A partir de que su esposo le regaló un corset, sumado a su gusto por las historias de aquellos tiempos, tomó la drástica decisión de vender TODO lo que tenía del presente e invertir ese dinero en cambiar su estilo de vida al de casi 200 años atrás. Por supuesto cambió su auto por una bicicleta antigua. Puede parecer una loca, es lógico. Pero no la culpo por sentir atracción por aquella época. Lo dice un devoto absoluto de la obra literaria de Anne Perry, ambientada en esos años.

Conocer esta historia me remitió al famoso sketch de Guillermo Francella en el que interpretaba a Enrique “el antiguo”, un personaje literalmente en blanco y negro que vivía en los años 2000 como si estuviera en los ‘70 (de hecho parecía desconocer el año real en el que se encontraba), causando la frustración de sus amigos. Se desorientaba cuando le hablaban de Internet y lo invitaban al after, prefiriendo quedarse en casa leyendo la Radiolandia y tomando un Vascolet. Sin embargo, su estética y comportamiento setentoso y todas las frases típicas de aquella época no eran por nada. En el último sketch del programa, luego de casarse con “la Negra”, (Cecilia Milone) Enrique se vuelve “a color” y se confiesa:

“…todos ustedes piensan de toda la vida, de hace muchos años, que yo me quedé en el tiempo, que atraso treinta años…bueno les voy a decir la verdad: los estaba “cachando” a todos. Porque yo sé perfectamente que estamos en diciembre de 2002 y es el siglo XXI (…) ¿Saben que pasa muchachos? Los tiempos que vivimos no son para sentirse muy orgullosos que digamos (…) y yo prefiero soñar con aquellos años felices (…) en los que todos éramos mucho más puros, más inocentes… (…) en dónde hasta los chorros tenían códigos y los jóvenes teníamos las ilusiones intactas. Queríamos cambiar el mundo  ¿Se acuerdan? Yo sé que me dicen ‘Enrique el antiguo’. No, no soy antiguo. Simplemente a mi manera soy un idealista que sueña con rescatar una época en las que todos nosotros fuimos mucho más felices. Y como los amo con toda mi alma, les voy a pedir que lo intenten. Que busquen en su historia lo mejor de sus vidas y sáquenlo afuera (…) como un gesto de amor, y con el deseo de volver a ser lo que alguna vez fuimos”.

Un discurso cargado de ingenuidad y romanticismo en el que Enrique confiesa a todos que eligió vivir así y no se quedó para nada en el tiempo. Sin dudas fue un sketch que se hizo famoso por las anacrónicas frases y ocurrencias, ingredientes que hacían de este segmento del programa Poné a Francella uno de los más populares porque volvió a traer del recuerdo viejos dichos e inmortalizó otros. ¿Acaso alguien se puede olvidar del latiguillo “Esta me está cachando, me está cachando…”?

Seguramente los argentinos tenemos algo de nostálgicos -tal vez heredado de las añoranzas de los inmigrantes por su tierra natal- ya que el tango es digno exponente de la nostalgia rioplatense, y no por nada uno de los tangos más populares justamente se llama “Nostalgia”. ¿De qué va la letra? De un tanguero anhelando a una mujer.

La moda se sirve del pasado por motivos meramente estéticos, donde se mezclan elementos de distintas épocas y lugares, descontextualizados de su función y razón original. | Imagen: ytanflamenca.blogspot.com

La moda de la nostalgia

Los tiempos cambian, las cosas se modernizan y van quedando obsoletas, los estilos van mutando. Sin embargo la moda y el diseño frecuentemente son los encargados de traer a la vida moderna el estilo antiguo y de aggiornarlo. A los nuevos diseños inspirados en lo viejo se los llama retro, a diferencia de lo vintage, que es el uso de objetos que sí son de aquella época y que se incorporan -generalmente como decoración- a lo actual. Porque el pasado no deja de tener su atractivo y encanto. ¿Nunca se engancharon con el Canal Volver y con la programación recordaron algún aspecto del pasado? No importa cuánto tengas por detrás y cuanto presente por delante, el pasado nos invita continuamente a visitarlo (especialmente si tenés mucho pasado encima).

La vida diaria es en general una acumulación de capas de muchos años de historia, lo viejo y lo nuevo conviven a diario y luchan entre sí, lo viejo para persistir y lo moderno para imponerse. Así, bajo los martillos, han caído edificios antiguos y emblemáticos para dar lugar a construcciones modernas de vidrio y cemento. Sin pretender quedarse en el pasado hay movimientos de protección del patrimonio histórico que luchan por rescatar lo antiguo, por ser parte de la historia, buscando un sano equilibrio. El pasado también forma parte de nuestra identidad, de quienes somos, por eso se busca resguardar todos aquellos aspectos que nos recuerden de dónde venimos. Son muchas las prácticas culturales que están luchando por no desaparecer en este mundo moderno y digital.

Por supuesto que quedarse en el pasado y vivir obsesionado con él tampoco es sano, y a veces es un mecanismo de defensa y de no aceptación del presente. Como todos bien sabemos, los límites son importantes y para todo debe existir un justo medio. Negar el pasado a menudo tampoco ayuda a un sano presente.

Cada ser humano tiene una relación con su propio pasado y con el pasado histórico en general. Por ello existen los que hacen recreación histórica, los anticuarios, los que gustan de coleccionar cosas de antes, los que buscan su propia historia familiar y genealogía, los historiadores, entre otros. O simplemente tienen un objeto o un recuerdo particular que los conecta con lo que el tiempo dejó atrás pero que sigue estando presente a través de un montón de circunstancias. La fantasía de la máquina del tiempo resume todo anhelo y fascinación humana por lo que nos precede cronológicamente.

Y vos, ¿que relación tenés con el pasado?