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Me aterrizó la nostalgia

por Jazmín Slat

11/08/2014

Hay libros que quedan para siempre en el alma. Hoy se me viene a la mente "El Aleph". Ese extraño cuento. Ese extraño agujero negro, donde todo pasa, todo es y todo seguirá siendo al mismo tiempo. Ese todo en simultáneo que se transcribe en sucesivo, porque así lo es la escritura. Pero también la vida. Así que, con estas palabras de Borges en mente, pienso en que -hoy- me aterrizó la nostalgia y quedé con sobrepeso de recuerdos. Y en esta tarde gris, vi pasar frente a mi ser recostado en el sillón tantos momentos en simultáneo que me veo obligada a describir en sucesivo.

Me aterrizó la nostalgia
"Veo un eclipse de luna, una estrella fugaz, cien arco iris, mil tormentas y un millón de atardeceres". | Imagen: emilialmanza.wordpress.com

Me veo yendo a un curso de capacitación en Ezeiza, me veo yendo del curso a la facultad, quedarme dormida mientras trato de pasarme toda la noche estudiando, a mi mama trayéndome un café a media madrugada, volver al curso por la mañana y sentir que no estoy descansada igual que el resto de mis compañeros. Me veo esperando que llamen para hacer mi primer vuelo, me veo presentando el certificado de emancipación en el puesto de migraciones, me vi este año cumpliendo 31. Sintiendo mis manos temblar la primera vez que hablé con un pasajero. Y hoy, a veces, trabajando mecánicamente. Teniendo miedo en una turbulencia. Consolando a una compañera que tenía miedo. Yéndome a vivir sola. Yendo a vivir en pareja. Queriendo lagrimear en un despegue porque alguna vez no me quise ir nueve días de posta a Nueva Zelanda. Viéndome lagrimear en el hotel de Auckland, saludando afectuosamente a todos los empleados porque la empresa donde trabajo deja de hacer esa ruta. Me veo mirando el despegue sin sacar los ojos de la ventanilla que tiene mi puerta, a esa isla hacerse cada vez más y más pequeña, hasta que se pierde entre las nubes de esa otra parte del mundo. Suspirando y pidiéndole al universo algún día poder regresar. Me veo aterrizando nuevamente en ese país, por un vuelo especial en el que llevamos a Los Pumas, y que por suerte me tocó. Por la madrugada, haciendo fuerza para ponerme unas medias de descanso acostada en mi cama. Sacándomelas, al final de la jornada, en algún hotel del mundo. Veo el hall de un aeropuerto lleno de gente, y a muchos que me miran pasar y a mí misma, sin ganas de ir a ninguna parte. Otras tantas, feliz de hacer ese vuelo que pedí y me asignaron. Veo un eclipse de luna, una estrella fugaz, cien arco iris, mil tormentas y un millón de atardeceres. También, con Gugue, al sol esconderse en el mar de Costa Rica, queriendo que esas vacaciones sean eternas. Preparando las cosas de vuelo para volver al trabajo. Despidiéndome de él una y mil veces. Y volviendo a casa la misma cantidad; la valija llenarse y vaciarse tantas veces más. Feliz conociendo ciudades nuevas. Extrañando Buenos Aires. Me veo tomando el té con mi gran y hermoso grupo de amigas azafatas. Esas que no se parecen a nadie y que, en el fondo, son tan reales como cualquiera. En el avión, haciéndole un té a una nenita que viaja sola y sentándola a upa. Queriendo cuidarla y en ese mismo momento, extrañando a mis sobrinos. Almorzando un domingo en familia y jugando con mis perras. Viendo una película en casa, acompañada de esa única persona con la quiero estar por las noches. Otra vez viendo a Buenos Aires desde un avión, tratando de imaginar cual de todas esas lucecitas puede llegar a ser mi lugar en el mundo. Y caminar por el Barrio Gótico de Barcelona y asegurar que, a lo mejor, ese podría ser el segundo. En el placard, cuatro modelos de uniformes diferentes me hacen dar cuenta de la cantidad de años que hace que tengo este trabajo. A mi profesora de danza preguntarme “¿Hasta cuándo vas a seguir volando?”.  A mí, sentir que me encantan los aviones y que nunca podría trabajar en una oficina.

Entonces cierro los ojos y veo esa proyección de imágenes que pasan velozmente. Los vuelvo a abrir y miro las plantas que tengo en el balcón. Me pongo contenta de verlas tan crecidas, con su verde brillante. No es que no tenga más ganas de ir a descubrir nuevas partes de este planeta. Pero hoy tengo ganas de quedarme por el barrio.