Cultura

Mensaje para los habitantes de “Intolerancialand”

por Natalia Coderch

28/08/2014

Enojados con la vida y con el mundo. Se pelean hasta con su propia sombra. Cualquier cosita, por mínima que sea, les genera ira irracional que no pueden controlar. Estar a su lado en uno de sus peores días de furia es una vorágine aún mayor que intentar surfear un tsunami.

Mensaje para los habitantes de “Intolerancialand”
Para estos gruñoncitos, ellos hacen todo bien, los que se equivocan y son insoportables son los otros. | Imagen: dosisdiarias.com

Viven en un eterno estado de ebullición, siempre a punto de explotar. Cualquier situación hace que ese grado que les falta para el hervor les suba a la cabeza y… PUM, explosión de ira irracional. ¿Grado de tolerancia? Tolerar no está dentro de su léxico. Claramente viven en “Intolerancialand”: un mundo de tolerancia cero.

Estos “personajes” jamás hacen mea culpa. El error o la culpabilidad no está en su ser, quienes se equivocan siempre son los otros. Es más, suelen tener una ferviente convicción de que el universo confabula en su contra. Si fueran un Pitufo sin lugar a dudas serían Pitufo gruñón. Claramente tienen menos objetividad que una babosa, y sus problemas de “poca paciencia” les nubla el juicio a la hora de poder darse cuenta de que el universo no conspira en su contra, sino que son ellos quienes con su mal carácter son una toxina venenosa para la humanidad, que se tiene que “fumar” sus caras de traste y su verborragia malhumorada.

Todo les molesta, se viven quejando. Desde que se levantan hasta que se acuestan sus quejas son un constante murmullo. Pero no siempre es tedioso estar cerca suyo, algunas veces hasta puede resultar divertido, es como estar dentro de un monólogo cómico en vivo y en directo, por su sentido del humor tan particular que desborda sarcasmo hasta por los codos. Casi todas sus frases empiezan con: Me molesta…”, o “Me enerva…”, o “Me pone de mal humor…”. Pero a no preocuparse gente, que si bien puede ser enfermante algunas veces estar cerca suyo, ser un Grinch pero no sólo en Navidad sino todo el año no es para nada contagioso.

Un intolerante empedernido se saca de quicio fácilmente. Estos gruñones, por ejemplo, están sentados en un banco de plaza, en uno de los pocos momentos de paz interior que sufren al año, y de repente ven a una parejita haciéndose arrumacos, y… ZAS, esa imagen los empieza a enervar, se les acelera el corazón y adiós a ese supuesto momento de paz interior que estaban viviendo. Por su cabeza se les cruza: Erradicaría de la faz de la tierra a todos los enamorados. Los metería a todos juntos adentro de un container y que vayan a parar a un basurero”. Pero mucho más impacientes los pone el escuchar el “chuik chuik” de los besos pegajosos, y observar que están chuponeándose a cuatro manos y que son como sanguijuelas que no se sueltan. Es entonces cuando empiezan a liberar sus bufidos de bronca como si fueran caballos relinchando, y experimentan una sensación de ira poco habitual.

Si van caminando por la calle y pisan una baldosa floja y se mojan hasta la punta de la nariz, pareciera que fuera el fin de la humanidad. Putean y putean a diestra y siniestra. Si pisan caca de perro, rezan un rosario entero de improperios y se acuerdan de las partes íntimas de la lora y de todos los hijos de las prostitutas. Es culpa de los ineptos gobernantes que no arreglan las calles, de los mal nacidos que no levantan las deposiciones de sus perros, pero jamás es culpa suya por no mirar por donde caminan. Es que según su visión, ellos están “meados” por una manada de Tiranosaurios Rex, tienen una mala suerte galopante y el mundo entero está en contra suya. ¿Mea culpa? ¿Qué es eso? Nunca, ni en mil años podrían hacerse cargo. Para estos gruñoncitos, ellos hacen todo bien, los que se equivocan y son insoportables son los otros. Si no la ganan la empatan, pero perder o reconocer equivocaciones, eso jamás.

Esteban es un clásico ejemplo. Un día iba manejando su auto y frenó sobre la senda peatonal. En eso un peatón osó hacerle señas de que se paró sobre la zona pintada. Como si una bomba hubiera detonando en su interior, Esteban bajó la ventanilla y sin ningún tipo de inhibición lo mandó a freír churros al pobre caminante que lo único que hizo fue marcarle su error. Pero claro… ¿error? ¿Qué es eso? Para los intolerantes como Esteban, una situación así amerita decir que el gilastro desubicado ese que pasaba caminando es un nabo total que se tiene que ir a lavar ahí donde no le pega el sol. Pero el momento de no poder controlar la ansiedad que les genera que les marquen un error no termina sólo en la puteada que le rajan al otro, sino que se van echando humo y despotricando y les hierve la sangre de la bronca. Las personas como Esteban representan una pequeña porción de la población que carece de paciencia y que son de pocas pulgas. Cualquier situación por pequeña que sea para el ojo del común de la gente, para ellos es como si se desencadenara la Tercera Guerra Mundial en su interior.

Para estos personajes que viven con los nervios de punta, el tipo de cosas que les rompe soberanamente la paciencia, que por cierto no tienen, son cosas como hablarle a alguien, que el otro no escuche y tener que repetirle lo que habían dicho. Como si fuera terrible tener que repetir otra vez lo ya dicho, pero es increíble los niveles de histeria que les genera una situación así, logran sacarlos de sus casillas.

Otra cosa que los sulfura terriblemente son quienes escriben con errores de ortografía. Y ni mencionemos a los que escriben palabras con “k” en lugar de “c” o de “q”, o de los que inician una oración diciendo “tipo que” o meten “y bueno, nada” cada cinco segundos, como por ejemplo: “¿Qué te iba a decir? Bueno, nada…”. Un intolerante no tiene pelos en la lengua y no tiene filtro, entonces cuando se cruza con este tipo de personas que tienen latiguillos tan marcados les dicen con voz bien increpante: “En qué quedamos, ¿ibas a decir algo o no ibas a decir 'nada'?”

A estos amantes de la poca paciencia les generan estrés las personas que dicen setiembre en lugar de septiembre, los que dicen dotor en vez de doctor, los que dicen pisa en vez de pizza, los que dicen secciones cuando quieren decir sesiones, o los que dicen intercesión cuando se refieren a una intersección. No pueden evitar corregir estas equivocaciones porque no toleran que el otro no pueda pronunciar bien las palabras.

Vivir en “Intolerancialand” es un sube y baja de cambios de humor. Vivir en ese mundo es vivir en el universo de los irascibles y no hay forma de poder contener la cólera hacia las acciones del prójimo.

Así que si sos de aquellos que se ponen de la nuca cuando pisa una baldosa floja o caca de perro, si vas manejando y no paras de pelearte hasta con tu propia sombra, y te rompen la paciencia las deformaciones del idioma, o si te dan ganas de salir a voltear con una gomera a gente que no pronuncia bien las palabras, sabé que sos totalmente INTOLERANTE. El mundo no conspira en tu contra, sos vos el que está contra el mundo. Al fin y al cabo el gilastro, que es un nabo total y que tiene que ir a lavarse ahí donde no le pega el sol, sos vos y nada más que vos, porque cuando te ponés así mi amor, sos IN-SO-POR-TA-BLE.