Tendencias

Mi abuelo, el arquitecto

por Alain Chédeville

22/04/2014

Nacido en París pero residente desde muy joven en Argentina, Alain Chédeville nos cuenta lo que sintió al descubrir la gran cantidad de edificios que su abuelo, el célebre arquitecto René Villeminot, dejó desperdigados por nuestro país mucho antes de que él naciera.

Mi abuelo, el arquitecto

Muerto en 1928, mi abuelo sólo fue para mí, durante largo tiempo, un señor barbudo, muy parecido a mi madre, en fotos amarillentas. Y también el responsable muy involuntario de que me persuadieran desde mi más tierna infancia de estudiar arquitectura como él, ¡yo que siempre odié las matemáticas y sobre todo la geometría! Pero, ocurre, juego del azar o no, que me encontré, en estos últimos tiempos, frente a dos de sus proyectos. Primero, en la bella ciudad de Salta, al pie del cerro San Bernardo, ante el monumento a Güemes, cuya parte arquitectónica fue su obra. Y ahora, en Azul, encuentro el Colegio Nacional, otro de sus proyectos.

Alain en el Colegio Nacional de Azul, proyecto de su abuelo René.

Me pongo entonces a hurgar en los viejos papeles heredados de mi abuela para reconstituir esta historia oída mil veces durante mi infancia y volver a pegar sus retazos dispersos en desorden en mi memoria.

Nacido en Reims en 1878, René Villeminot hizo sus estudios en París, en la Escuela Nacional de Bellas Artes donde obtuvo, en 1908, el primer Segundo Gran Premio de Roma de arquitectura. Luego, en 1909, habiendo ganado el concurso para la construcción del Policlínico San Martín, llegó a la Argentina acompañado por mi abuela, Marguerite Humbert, con quien se había casado meses antes. El proyecto del Policlínico San Martín nunca vio la luz, pero el matrimonio Villeminot decidió instalarse en Buenos Aires.

Villeminot en la Escuela de Bellas Artes de París.

En una época en que los arquitectos franceses ganaban fortunas proyectando los inmensos palacios de las grandes familias argentinas, mi abuelo prefirió ser profesor de la escuela de arquitectura que pertenecía en ese tiempo a la Facultad de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales. Ejerció sus funciones desde 1914 hasta su muerte en 1928. En 1927 y gracias al voto de sus alumnos que lo adoraban y llamaban “El maestro”, fue nombrado consejero de los estudiantes en arquitectura.

Dos hijos, mi tío Louis, llamado “Luisito “, nacido en 1911, y mi madre, Suzanne, nacida en 1914, vinieron a completar la familia que vivía en la calle Donado, en el barrio porteño de Coghlan. Vivían allí una verdadera bohemia dorada. Una bella y gran casa, un soberbio jardín en un barrio residencial. Muchos amigos, artistas en su mayoría.

Casamiento en Cherburgo en 1910.

Y mucho trabajo, pues René Villeminot fue nombrado arquitecto en jefe de la Dirección General de Arquitectura. Así, recorrió toda la Argentina o casi en tiempos en que esto era realmente heroico. Las fotos nos lo muestran en medio de la pampa, delante de un galpón de chapa, o bien a caballo, un poncho sobre los hombros. Hay que decir que se había asimilado perfectamente a su país adoptivo, lo que no fue el caso de mi abuela que siempre extrañó Francia.

Los proyectos realizados durante los 14 años que pasó en la Dirección General de Arquitectura son muy numerosos, y algunos realmente importantes como el Museo de Bellas Artes, en Buenos Aires; la residencia presidencial en Olivos; el monumento a Güemes, en Salta; el edificio que protegía las ruinas de la casa natal del general San Martín, en Yapeyú, Corrientes; la gran sala de la bandera del General Belgrano en la Casa de Gobierno, en Jujuy ; el atrio de la iglesia matriz de Jujuy; los colegios nacionales de San Juan, Azul, Salta, Corrientes, Mercedes; las escuelas normales de Santa Fé, Victoria, Corrientes, los institutos de ciegos y de sordomudos, la biblioteca de la Facultad de Ciencias y tantos otros. ¿Cuántos de estos edificios están aún en pie? Me gustaría saberlo para quizás un día poder visitarlos.

Recorriendo el país cerca de 1915, como arquitecto en jefe de la Dirección de Arquitectura.

René Villeminot murió el 15 de febrero de 1928, a la edad de 50 años, de un cáncer de pulmón. Los homenajes a su memoria se sucedieron. El 30 de mayo de 1928, durante una ceremonia a la cual asistieron las autoridades de la Facultad de Ciencias, se colocó una placa conmemorativa en uno de los talleres de arquitectura que tomó el nombre de René Villeminot. Horacio Cruz, uno de sus ex alumnos hizo este retrato de su profesor: “Porque nadie como él entendió ni amó el oficio de enseñar, hasta identificar con sus alumnos sus ideas y sus entusiasmos. Fue por eso el maestro por excelencia y se comprende que, a pesar de tan breve, su paso por nuestra escuela haya dejado tantos caminos nuevos y tanta huella profunda. Su nombre es ahora familiar en nuestros estudios, donde sus ideas y sus enseñanzas continúan acompañándonos como un consejo en cada caso de duda que nos presenta la vida profesional. Día a día lo evocamos con cariño y, viviendo así entre nosotros, sentimos que no ha desaparecido y que no desaparecerá jamás”.

En clase con sus alumnos, 1926.

Mi abuela y sus dos hijos tomaron el camino de vuelta. Se establecieron en Francia, mi tío hizo los mismos estudios que su padre y mi madre se inclinó hacia las ciencias, la bioquímica más precisamente.

La historia podría terminar aquí, ni imaginaban vivir de nuevo en la Argentina, pero el destino debía decidir de otra manera. En 1939, la inminencia de la guerra empujó a mi tío a volver a su país natal. Mi abuela vino a visitarlo en 1948.

El 7 de enero de 1953, mis padres, mi hermana y yo, abordamos el puerto de Buenos Aires sobre el paquebote Andrea C. Yo tenía 5 años, mi hermana Sylvie estaba por cumplir los 3. Mis padres huían la crisis y el desempleo que asolaban Francia. Venían sobre todo a tratar de reparar una pareja rota. Como las curas geográficas no sirven para gran cosa, mi padre volvió a Francia unos meses más tarde.

Quise inclinarme aquí sobre mi historia, la de los orígenes de mi familia en la Argentina, país que me ofreció su lengua y su cultura, su historia y sus paisajes. Cultura, lengua, historia que cohabitan en mi corazón con las de Francia, mi país natal.