Sociedad

Mujeres del siglo XXI: un nuevo tono de rosa

por Yasmín Suyay Jalil

28/02/2013

Venus, Cleopatra y María. Coco, Marilyn y Madonna. Anónimas y reconocidas, las mujeres  a través de la historia hemos desempañado un papel singular que aún permanece en transformación.

Mujeres del siglo XXI: un nuevo tono de rosa
Ilustración de Laura Callaghan (lauracallaghanillustration.com).

Históricamente el mundo ha sido guiado por hombres que marcaban el rumbo y tomaban las decisiones importantes. Mientras tanto, las mujeres jugaban un papel pasivo, limitado a los confines del  hogar y bajo la aprobación de los hombres de su  familia. Sin embargo, cada vez más fuerte, cada vez más rápido y cada vez en más aspectos, las mujeres estamos teniendo nuestro propio lugar. Los iconos del talento color rosa se multiplican, la independencia económica es moneda corriente y las mujeres elegimos, no necesitamos, un hombre con quien estar.

Las mujeres estamos avanzando. Cuando miramos en retrospectiva se ve que los pasos dados son en realidad zancadas gigantes. Usamos pantalones que incluso se imponen como prenda de la temporada, leemos  aquello que es de nuestro agrado sin pedir permiso, votamos, tenemos propiedades a nuestro nombre y no perdemos el apellido al casarnos. Pero aún hoy, la sociedad en sus expresiones más simples no considera igual la acción de un hombre que la de una mujer.

Pese a la lucha, el  mundo no es igualitario. Hombres y mujeres no somos iguales. La igualdad es un concepto  abstracto: todos y cada uno somos en realidad individuos, seres particulares y diferentes más allá de uno u otro sexo. Reitero, hombres y mujeres no somos iguales pero tampoco lo son uno y otro hombre; una mujer y  su vecina, ella y la partera que la vio nacer. La clave de esta cuestión, que enarbola una larga historia de lucha contra la discriminación de género, está en lograr que las diferencias no sean excusa a la hora de limitar la libertad o juzgar despectivamente un modo de actuar.

La igualdad, si puede afirmarse, es una norma escrita cuya lucha tiene larga data. Alcanzar la igualdad jurídica es un primer paso, es la forma de obtener el aval para actuar. Pero los cambios más profundos en la mentalidad de la gente llevan más tiempo.

Las mujeres ocupamos cargos jerárquicos en multinacionales, somos capaces de dirigir un país, expresamos ideas y elegimos. Manejamos nuestros propios autos y vivimos solas. Las hay artistas, periodistas, arquitectas, abogadas, medicas, ingenieras, profesoras y bioquímicas. Pero muchas veces, aun hoy, el talento femenino sorprende.

Contra los resabios de arcaicos mandatos de género, las mujeres by siglo XXI buscamos el éxito en el ámbito público y no sólo entre las paredes de nuestro hogar. Estos cambios en el rol social de la mujer afectan también lo que sucede puertas adentro. Una niña que se está convirtiendo en adulta ya no sólo aspira a desarrollar habilidades para las tareas del hogar. Los niveles educativos y la inserción en el mercado laboral hacen que la mujer actual imagine su futuro haciendo algo más que preparar una cena exquisita o coser vestidos. Sin embargo, esto no significa que la idea del matrimonio y la maternidad se hayan perdido. Las mujeres de hoy no resignan la felicidad de una familia por el desarrollo personal, sino que buscan complementar ambos roles.

Como todo en la sociedad, en una familia las tareas se dividen. Tradicionalmente el hombre se encargaba de la protección y el abastecimiento del hogar, mientras las mujeres permanecían dentro para cumplir con tareas cotidianas como cocinar, limpiar y criar hijos. Hoy ambos sexos salimos a la jungla en busca del pan y la realización personal. Hombres y mujeres volvemos cansados, después de un día duro y con ganas de descansar. Naturalmente, las tareas hogareñas también necesitan estar más divididas y son cada vez más los hombres que entienden que lavar los platos no es una acción deshonrosa. Las mujeres somos madres, profesionales, jefas de cocina, esposas sexies y madres tiernas. Y, ante todo, las mujeres al igual que los hombres somos personas con aspiraciones, derechos y libertades propias. Cuidar la familia y mantener un hogar es un trabajo que se hace todos los días, en forma conjunta y colaborando incluso en los aspectos que a la tradición masculina pueden parecer pequeños.

Hombres y mujeres, en definitiva, somos distintos y es esa la belleza que permite la unión y complementariedad. El concepto que aún falta asentarse en la mentalidad social es que no somos mejores ni peores. Somos distintos pero en capacidad, potencia y talento, hombres y mujeres somos iguales.