Sociedad

Mundial 2014: personajes y costumbres futboleras argentinas

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02/07/2014

Mundial 2014: personajes y costumbres futboleras argentinas

Argentina está en semifinales y el Mundial se vive intensamente en cada rincón del suelo argentino. ¿Te tomaste el tiempo de hacer una radiografía de esta fiesta del fútbol? Acá en Magna destacamos algunos de los “clásicos” de la Copa del Mundo y también algunas prácticas debutantes. ¡Vení, lee y festejá!

Por Alan Laursen | alaursen@revistamagna.com.ar

Ahora que Argentina –o más bien la Selección Argentina de Fútbol que nos representa- pasó a semifinales, la ilusión de ser campeones del mundo crece a la par de diversos fenómenos que coexisten junto a los clásicos. Sin dudas este Mundial trajo algunas perlitas que no podemos dejar de lado.

Messi es la gran esperanza de la albiceleste para llegar a la final. | Imagen: espndeportes.espn.go.com

En primer lugar el 2014 es el año oficial de la selfie. Y el Mundial no podía ser ajeno a esta moda. Selfies de jugadores en el vestuario, selfie de famosos en la cancha, selfie de famosos en la cancha festejando el gol, selfie de famosos junto a un grupo de gente festejando un gol, y por supuesto de anónimos festejando el gol. Todo con una tonalidad blanquiceleste que pone a prueba el nacionalismo de cualquier país, al menos cada cuatro años.

Y como la selfie, la tecnología también se abre en un abanico de usos prácticos para el Mundial. Por ejemplo –y muchos lo hacemos- compartimos nuestra alegría con cada GOOOOOLLLL en las redes sociales. Internet se suma a la picada como la compañía ideal para cada partido. Y si es sufrido ni te digo. Y sumemos ahora que el que tiene tecnología HD ve el gol con retraso, por lo que es seguro que se entere del gol por los gritos del vecino que tiene tele a la vieja usanza. Perlitas tecnológicas.

Si hablamos de redes sociales por supuesto no podemos dejar de ver una amplia gama de personajes que lo inundan y que viven el Mundial de diversa manera. Sin duda es respetable el que mira y vive el partido y el que no le gusta. Por supuesto no puede faltar el que no mira el Mundial pero no le perdona al otro que lo mire, o el que lo mira y acusa de amargo al que la Copa del Mundo le importa un rábano. Sin dudas hay gente que se olvida de que en el país pasan cosas mientras se disputa el Mundial. Pongamos la misma pasión por la pelota que para pedir y exigir a nuestros gobernantes que cumplan con sus deberes. Tampoco dejemos –si nos gusta- de disfrutar del buen fútbol. Tengamos en cuenta que entre todas estas selecciones que se disputan la Copa están las figuras más renombradas del fútbol del planeta. También merece un lugar especial el que se despacha enojado con la alegría de los demás porque se siente el único capaz de festejar, porque el fútbol no es para cualquiera, porque de fútbol hay que saber, porque, porque, porque…. ¡Cada quien vive las cosas a su modo! ¿NO?

Y al pobre Papa… ¡ya le estamos atribuyendo el poder divino de comunicarse con el Supremo para ganar, ganar y no dejar de ganar! Espero que si perdemos no haya aumento masivo del ateísmo. Y espero también que si ganamos el campeonato, no empiecen a llegar en masa miles de termos de regalo para Francisco. No lo toleraría. Ni él ni yo.

Los noticieros y programas de discusión en el Mundial ven puesta a prueba su creatividad. Y evidentemente si esa prueba fuera un partido pierden por goleada. Todos los noticieros muestran casi lo mismo con poca variante. Obviamente los móviles desde el Mundial, en este caso Brasil, son un clásico. Eso no lo vamos a poner en cuestión. Pero cada cuatro años reflotan los informes sobre “el Mundial en la escuela”, “los más lindos del Mundial”, “Maradona y la Mano de Dios” (ad infinitum), etc, etc. Por suerte ahora descubrieron al Pocho Lavezzi y tienen algo nuevo de qué hablar todo el día.

¿Qué más no puede faltar en cada Mundial? La clásica rivalidad Argentina- Brasil (“Brasil, decime qué se siente, tener en casa a tu papá…”, seguimos). Disfrutamos ganar pero no queremos disfrutar del festejo brasilero. Del otro lado lo mismo. Es el clásico y nos encanta. Nos encanta he dicho. Lo que no está bueno y tristemente es también un clásico, es que la rivalidad simpática se convierta en violencia física y verbal, en cánticos discriminativos y en trifulcas de tintes “barrabravescos”. Una triste práctica que poco nos tiene que enorgullecer pero que algunos  festejan e incitan.

Pues sí, Argentina y el Mundial todavía están de romance. Esperemos culminar de la mejor forma y, si no, aceptemos que es solo un juego que puede desilusionarnos. No es lindo perder pero no es el fin del mundo. No confundamos la pasión con la irracionalidad. El país necesita de nuestro amor por él todos los días, todos los años. Pero no quiero culminar el artículo con una perorata sobre ética y ciudadanía, sólo esperar que la pasión que une a la gente en el fútbol -que es hermosa por cierto- también nos una para objetivos comunes con fines concretos y tangibles. Festejar un gol y pedir por un país mejor no son dos cosas incompatibles. ¡Vamos Argentina!