Sociedad

Nora Henrich y su proyecto “Qydarte”: turbantes en lucha por la vida

por Corina Romero

21/10/2014

Un gorro y una vincha que lo rodea son los elementos que componen el diseño de los turbantes exclusivos de Nora Henrich, una emprendedora que lucha por conservar la belleza de las mujeres que enfrentan el cáncer y se sienten mortificadas por la pérdida de su pelo.

Nora Henrich y su proyecto “Qydarte”: turbantes en lucha por la vida

“Mi negocio no se basa en una enfermedad. Yo hago elementos para que una persona se adorne una cabeza que quedó desnuda por algún contratiempo de la vida. Con respecto a todo lo demás, no soy quién para hacerme cargo”. Nora Henrich encara así su emprendimiento “Qydarte”, una marca de pañuelos turbantes con un sistema especial de diseño propio, destinados a todas las mujeres, pero en especial a las que luchan contra el cáncer y que, por efectos de la quimioterapia, perdieron el pelo. Empezó hace ocho años tras una situación familiar que la tocó de cerca, y hoy envía pedidos masivos a España, Chile y México.

Nora  fue maestra jardinera y vive con su marido e hijos en Vicente López, al norte del Conurbano Bonaerense. En el garaje de su casa montó un taller, desde donde se inspira y se contacta con clientes y revendedores. El ambiente es una especie de santuario "fashion": se pueden ver fotos e ilustraciones de modelos, estilos y otras manifestaciones del buen gusto y el glamour, de los que se confiesa “totalmente fanática”. Justamente a partir de esa pasión por la estética surgió “Qydarte”: “Mi hermana sufrió cáncer y verla pelada me hizo entender que es una enfermedad que, más allá de lo obvio, atenta cruelmente contra la belleza”, relata.

Estas creaciones son menos costosas que las pelucas y hay una gran diversidad de tipos y colores.

Allí comenzó a ver de qué manera podía buscar una alternativa a la típica bandana o pañuelo que, según ella, “dan un look despojado, triste”. Practicando en un maniquí de telgopor, vio que la creación de un accesorio era difícil, ya que “en un cráneo calvo todo se corre y se desliza, y es muy rebuscado para trabajarlo”. Entonces surgió la idea que patentó, que consiste en un gorro que cubre la cabeza, junto con una vincha que lo rodea, que también pueden usarse separados. Nora habla de sus diseños de una manera muy técnica, llena de estudio: “Empecé a ver las facciones de la mujer, su cuerpo, qué es lo que aporta el cabello a su apariencia, y a tratar de lograr ese efecto con diferentes telas y colores”. Por eso también juega con el peso y la densidad, haciendo volumen con géneros más densos y agregando cuentas de madera o distintos apliques.

Cuando tuvo los productos pensados y terminados, decidió que tenía que lanzarse al mercado y se acercó a los negocios de la Ciudad de Buenos Aires, sobre todo a los del barrio de Once, en donde se encontró con un plus interesante: muchas mujeres de la colectividad judía ortodoxa que buscaban cubrir el pelo para seguir los mandatos de su religión, pero de una manera más canchera y vanguardista, se acercaron a ella para ver lo que tenía para ofrecerles. “Ahí tuve más revendedores interesados, patenté los diseños y me volví una emprendedora con todas las de la ley”, comenta Nora. Después de un tiempo, sabiendo a lo que se quería dedicar, se acercó a hospitales y clínicas que brindan tratamientos oncológicos y habló con enfermeras en jefe  y médicos: “Yo no me acercaba con un bolso con ropa, sino que iba con folletería y con una propuesta de cambio para las mujeres que se estaban tratando, siempre con el permiso de los psicólogos y doctores. Esto me ayudó muchísimo a entender las necesidades de cada una, e incluso a diseñar por encargo”.

Muchas mujeres de la colectividad judía ortodoxa eligen esta opción para cubrir su pelo y así seguir los mandatos de su religión.

Nora se vinculó con asociaciones de lucha y se hizo voluntaria de la fundación “Luzca bien, siéntase mejor, una licencia estadounidense que se extendió hasta la Argentina, que consiste en el dictado de cursos de estética para mujeres que están pasando por la quimioterapia y sufren este “atentado a la belleza”. Allí, si bien no entrega folletería ni productos por una política de la asociación, explica a las asistentes cómo pueden fabricar un pañuelo en casa y diferentes maneras de usarlo. También, si bien es un proyecto todavía pequeño, dona excedentes de fabricación al Hospital Pirovano, que administra entre sus pacientes.

La emprendedora, a través del negocio, presenció situaciones de lucha y superación muy emocionantes, y hasta llegó a confeccionar accesorios para la boda de una joven sobreviviente de la enfermedad, momento que resume prácticamente por completo el concepto que  ella mista tiene de “Qydarte”:

“Yo no quiero que vean a las mujeres que usan mis pañuelos y digan ‘¡pobrecitas!’, porque no hay por qué decir eso. Para la lucha es vital tener una autoestima fuerte y, justamente, enfocarse en que existe una salida. Todos estos años me dejaron una enseñanza importantísima: en donde un negocio funciona y hay un deseo genuino, hay vida, y la va a seguir habiendo”.

Para más información, pueden visitar la Web de “Qydarte”: www.qydarte.com.ar

Y también en Facebook: “Pañuelos Turbantes Qydarte