Sociedad

Peligro: ¡Fin de año!

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16/12/2014

Peligro: ¡Fin de año!

La llegada del último mes del año es más que llenarnos de sidra y pan dulce hasta reventar, de quejarnos por la fruta abrillantada y la pasa de uva. Es una época de sueños y esperanzas y también de frustraciones, nostalgia y miedo al futuro. A través de Magna te invitamos a conocer -con un poco de humor- cuales son las típicas reacciones de la gente en esta época y cómo las podemos clasificar. ¡Pasá a brindar!

Por Alan Laursen | alaursen@revistamagna.com.ar

Sí, aunque te cueste creerlo ¡estamos en diciembre! Época de fiestas y último mes del 2014. Como cada fin de año es también momento de balances, en dónde ponemos en la báscula logros y fracasos, momentos buenos, no tan buenos, malos y pésimos. Cada uno conoce el equilibrio de su propia balanza.

El temor a ésta época del año es más común de lo que creemos. | Imagen: We Heart It

Otro tema es que la época de fin de año arrastra infinidad de responsabilidades y compromisos. Para los estudiantes es época de exámenes y finales por rendir y el cierre del año escolar o académico. Para los trabajadores llegan las fiestas de despedida de año con los compañeros y para los padres momentos de fiestas escolares y preocupación por cómo van a entretener a los críos durante el verano.

No es de extrañar entonces que muchos entren en crisis por estos días. Detrás de los fuegos artificiales, el turrón, el pan dulce, la sidra y las garrapiñadas muchas veces se esconden los deseos más profundos de huir bien lejos o de convertirse al judaísmo, para zafar de la navidad y el año nuevo. Y si es posible irse a Israel hasta que todo haya pasado.

Los regalos, la cena de la familia y los números que no cierran en una época de crisis como la que vivimos hacen que mucha gente se agarre de los pelos y entre en pánico. Más allá de toda broma, el temor a ésta época del año es más común de lo que creemos y muchos experimentan crisis anímica. Especialmente si hay personas que ya no están. Porque las fiestas, más allá de ser una celebración religiosa y una despedida del año, es un momento muy propenso a la nostalgia.

Podemos clasificar distintos tipos de reacciones en la gente durante estas fechas:

El optimista

Es la persona que ve en el fin de año un momento de transición y cree que el nuevo será realmente SU año y traerá como bien dice el dicho, una vida nueva. Algunos de ellos son ciertamente optimistas y el año, traiga lo que les traiga, les será satisfactorio. Pero el más común de todos es el optimista forzado, cuyas altas expectativas para los 365 días que se avecinan colman su mente, cuando lo más probable es que ya en marzo esté deseando que se termine el año y que venga el próximo.

El negativo

Siendo que el año que transcurrió no le resultó satisfactorio, prevé que el próximo no será distinto, que será más de lo mismo o básicamente que la agonía se seguirá extendiendo. Una frase muy común para estas personas (aunque no exclusiva de ellos, claro) es “Me gustaría dormirme ahora y despertar el 2 de enero y que ya hayan pasado las fiestas” o en su variante catastrófica “No creo que celebre estas fiestas, me voy a encerrar y a hacer como que no pasa nada”.

El místico y el catastrófico

A estas personas los astros les anuncian algo. Algunos auguran (cada año) el renacimiento del amor entre las personas, el fin de los males de la humanidad y creen que alguna entidad superior va a bajar para unirnos a todos en la solidaridad. No deja de ser un pensamiento elogiable, aunque claro, tal vez ingenuo o rayano en el delirio místico. A la par de ellos está el catastrófico, que considera que cada año la humanidad empeora y que vamos irremediablemente camino a la perdición. Generalmente esto tiene más que ver con cambios sociales que con acontecimientos de tipo natural. ¿Se pueden casar dos hombres y dos mujeres? ¡El fin de la sociedad como la conocemos! ¿Los niños usan la PlayStation todo el día? ¡Se viene una sociedad enferma! Esto ocurre desde hace muchos años, diríamos que toda la vida. Cuando la mujer comenzó a votar y estudiar, cuando se logró el divorcio, cuando se laicizaron muchos aspectos, siempre fue una ruptura a partir de la cual cada año iba a ser peor que el otro. Y sin embargo, acá estamos aún, haciendo grandes logros a la par de grandes aberraciones. La remamos como podemos…

Promesas como "Este año me pongo las pilas con el estudio”, “Este año voy a adelgazar” y “Este año voy a sentar cabeza” suelen ser las mismas del año anterior y probablemente lo van a ser del próximo. | Imagen: Dosis Diarias

El distraído

Esto nos pasa a varios tal vez por el nivel de aceleración en el que vivimos, pero hay muchos que se pasan de colgados. Me refiero a aquellas personas que el 5 de enero ya están preguntando “¿En qué año estamos?” Aunque parezca mentira hay gente que al contestar duda respecto al año que transcurre. Nobleza obliga, hay que decir que el año se pasa muy rápido. Al momento de armar el árbol navideño pareciera que fue hace poco tiempo cuando lo desarmaste para guardarlo. Todo transcurre a una velocidad que a muchos preocupa. Aunque podría no ser tan sólo una sensación, ya que algunos afirman que tienen explicaciones físicas respecto al comportamiento de la tierra y el tiempo.

El prometedor

Estos sí podrían tener una carrera exitosa en el mundo de la política. De todas las promesas que dicen y se autoimponen, no cumplen casi ninguna. De esto todos tenemos un poco, algunos menos, otros más y otros muchísimo. “Este año me pongo las pilas con el estudio”, “Este año voy a ser más responsable”, “Este año voy a adelgazar”, “Este año voy a sentar cabeza”, son promesas que se escuchan muy seguido. Por tradición son las mismas promesas del año anterior y probablemente lo van a ser del próximo.

El flexible

Esta tal vez es la mejor de las actitudes. Mucha gente ha empezado a pensar más reflexivamente y dejarse llevar. No quiere decir que vivan sin un plan, siguen con sus vidas, hacen todo lo posible por lograr sus expectativas pero bajo el pensamiento de “Si tiene que ser, será”. No se trata de ser un optimista a ultranza sino de vivir el presente sabiendo que lo que pasó no se puede cambiar, ni tampoco lo que vendrá ya que nadie lo sabe con certeza.

Vos, ¿conoces a algún otro?

Ah, antes de cerrar, a través de Magna quiero desearte una Feliz Navidad y un Feliz Año Nuevo, esperando que puedas sacar lo mejor de vos mismo y cumplir tus sueños. ¡Y por supuesto sigo acompañándote durante el 2015!