Sociedad

Perdón a todos: me compré un palo para selfies

por

07/09/2015

Perdón a todos: me compré un palo para selfies

La irrupción de la "autofoto" trajo de la mano la popularidad del dispositivo conocido como “palo para selfies”, que nos permite fotografiarnos a nosotros mismos o a un grupo sin tener que recurrir a un tercero. ¿Una moda más? ¿Un recurso para los egocéntricos y narcisistas? ¿Un riesgo para la integridad física? Puede ser. Aunque útil, el selfie stick genera polémica, más allá de que su uso dependa de la persona por sobre todo. Pasen a leer y después nos sacamos una selfie entre todos. ¿Dale?

Por Alan Laursen | alaursen@revistamagna.com.ar

Hace un par de años explotó el boom de las selfies, autofotos que la gente se toma con sus smartphones y otros dispositivos electrónicos, ya no frente al espejo como flogger, sino colocándose bien enfrente del lente, con la posibilidad que ofrecen los nuevos aparatos de contar con una cámara frontal además de la que posee en la parte trasera. Con este boom también se empezó a hacer conocido el famoso “palo para selfies” o selfie stick. Quizás no muchos saben que este invento nació en 2002 por la brillante idea de Wayne Fromm, un canadiense que se preocupó por solucionar el tema de querer sacarse una foto en vacaciones sin tener que pedirle a otro que la tome, con todo lo que ello implica: desde un potencial robo hasta encontrar a un desconocido poco habilidoso que nos saque una foto desenfocada y fuera de encuadre. En ese entonces lo llamó Quick Pod, aunque hoy por la popularidad del término selfie lo asociemos directamente a la acción de tomarse una autofoto.

El selfie stick resolvió el problema de los "brazos cortos" a la hora de autofotografiarnos. | Imagen: xatakamovil.com

Básicamente se trata de un dispositivo extensible que nos permite colocar en un extremo nuestro dispositivo móvil, conectarle un cable en el orificio para auriculares y con el botón obturador que se encuentra en el mango tomarnos las fotos que deseemos, individuales o grupales. Obviamente toda foto en donde una persona aparece con los brazos extendidos a cámara fue tomada con este sistema. Si algo tiene este dispositivo es que no disimula para nada su presencia, por más que en ocasiones no se vea en cámara ninguna parte del mismo.

Decile “whisky” al ego

Nadie puede negarle la utilidad para resolver el problema inicial para el cual fue creado, ni su capacidad para tomarnos una foto grupal y que podamos aparecer todos en la imagen pero ¿hasta qué punto es un buen invento? Durante 2015 se supo que Disney lo prohibió en sus parques porque el estar cerca de las atracciones con este dispositivo extendido suponía un serio problema de seguridad para los “selfistas” y los demás asistentes. También algunos museos lo han prohibido por la misma cuestión, y para proteger la seguridad de lo expuesto. ¿Te imaginás ir paveando por el Louvre, en la tuya, tratando de salir bien en cámara y a la vez abarcar parte del escenario que justifique la foto en aquel lugar? No estaría bueno romper una obra invaluable por satisfacer el costado narcisista de querer fotografiarse con, por ejemplo, La Gioconda.

Lugares turísticos como el Palacio de Versalles de Francia y el Museo Nacional de Reino Unido prohibieron el uso del palo para selfies por temor a que los objetos artísticos sufrieran daños. | Imagen: rinconabstracto.com

Porque si algo no se puede negar tampoco es que hay una segunda intención un tanto ególatra en querer sacarse fotos a uno mismo todo el tiempo. ¿Es pecado? ¿Es juzgable? Para nada. Pero si no hacemos un uso responsable y seguro de este aparatito podemos terminar poniendo en riesgo nuestra seguridad en pos de satisfacer nuestro deseo de autorretratarnos en la Quinta Avenida, y terminar debajo de las ruedas de un taxi. De la mano de las redes sociales, especialmente de Twitter e Instagram, existe también la necesidad continua de fotografiar, fotografiarse y ser fotografiado. Por lo tanto, entre el palito egocéntrico, las redes sociales y los smartphones se formó la sociedad perfecta. Contrario a esta movida, se ha generado también un amplio grupo de odiadores del palo para selfies que argumenta en las redes sociales y en los foros de internet y YouTube que su uso es egocéntrico y “careta”.

La primera vez que vi un palo para selfies fue en el aeropuerto de Dinamarca. Aguanté todo lo que pude y en mi estadía en dicho país no lo compré. En el avión de vuelta el catalogo de Iberia lo tenía en oferta. Y bueno, les pido perdón, pero la tentación y la curiosidad fueron grandes, a pesar de que no soy muy amigo de salir yo mismo en las fotos y sí fan total de fotografiar. Si hay vuelta atrás lo dirá el tiempo, o la moda. Porque tal vez, después de todo, el palo para selfies sea pasajero, un dispositivo que quedará arcaico en el tiempo cuando en un futuro –tal vez no muy lejano- las cámaras y smartphones sean tan inteligentes que floten en el aire para tomarnos la foto, respeten nuestras órdenes y hasta quizás nos "hagan" un Photoshop instantáneo para que salgamos mejor de lo que nos vemos. Porque para los que no somos fotogénicos, todavía no se inventó nada demasiado útil.