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Relato Salvaje: la incertidumbre de un país descuidado

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05/09/2014

Relato Salvaje: la incertidumbre de un país descuidado

Múltiples casos de violencia ocurridos a diario son la triste manifestación de que hay muchas cosas que no funcionan adecuadamente y ante las cuales la sociedad se siente desamparada. Una realidad que algunos dicen no ver pero que desborda en cada rincón del país.

Por Alan Laursen | alaursen@revistamagna.com.ar

La Argentina se está volviendo salvaje. Al que encuentre la realidad de color de rosa y a la política ejemplar, puede seguir de largo con otras notas de la página porque seguro no le va a gustar lo que va a leer. Si digo que hay inseguridad y violencia en las calles seguramente para muchos no sea una novedad (y para otros es un invento de los medios hegemónicos) sin embargo creo que cosas que han ocurrido últimamente nos dan una pauta de las atrocidades que acontecen a diario, a las que nos empezamos a  acostumbrar y estamos naturalizando peligrosamente La sociedad está violenta y nadie que patee la calle a diario puede decir lo contrario.

Hay comercios que, además de tener que soportar la crisis económica, deben cerrar sus puertas por ser reiteradamente asaltados. | Imagen: ramrock.wordpress.com

Recientemente en Tres Arroyos -mi ciudad- la Secretaria de Desarrollo Social fue agredida por una joven de 20 años que entró intempestivamente a su oficina y ante la sorpresa de la mujer y sus asistentes la golpeó en la cara y en la cabeza con sus puños exigiéndole un aumento de un subsidio. En declaraciones a la radio local, LU24, la funcionaria declaró:…la joven tenía un subsidio de subsistencia (…) insistía en que quería más. Tenía uno de 600 pesos y se le había aumentado a 1000, además tiene la Asignación Universal, la gente del Servicio Local estaba intentando lograr que estudiara para que pudiera acceder al subsidio Progresar pero no quería; trabajar era muy difícil también. Más vale que un subsidio municipal no le va a alcanzar; es un subsidio sólo para colaborar y mejorar su situación. Es un ejemplo de los casos que tomamos a diario”.

Creo que de este simple párrafo se pueden extraer muchísimas conclusiones, que no tienen que ver con la estigmatización y el prejuicio sino con el sentido común y la crítica. No sólo esta mujer y otros tantos se niegan a trabajar y estudiar para recibir un subsidio, sino que lo exigen a costa de nada. No es cuestionable que el Estado haga ASISTENCIA  y otorgue subsidios a personas que por causas diversas realmente se lo merezcan y quieran salir adelante, otorgándoles herramientas que les permitan emprender y mejorar su calidad de vida. Este Gobierno las ha tenido y puedo destacarlo como un aspecto elogiable. Sin embargo, a la par, el ASISTENCIALISMO, hijo dilecto del CLIENTELISMO POLÍTICO, hace estragos y tiene consecuencias tan nefastas como estas. Hay quienes consideran que “no darle el pescado, sino enseñarle a pescar” es un precepto egoísta de los pudientes. Anotíciense: es la realidad. Podés darle el pescado a alguien a la par que le enseñás a pescar, para que alguna vez pueda ser una persona libre que se valga por sí misma y no un rehén de la dirigencia de turno. Sin embargo, gente que falsamente se define progresista, considera esto un espanto, participando complacientemente en el círculo vicioso de la política clientelar.

No sólo el clientelismo genera más pobreza sino que crea inseguridad, atraso, inestabilidad económica y decadencia social, y también corrupción y abusos de poder. El Estado debe estar presente, pero sus políticas tienen que ser en pos del beneficio social y no en pos del gobierno de turno para sostener su estructura de poder y garantizarles el triunfo electoral. Hospitales sitiados por delincuentes y comercios que, además de tener que soportar la crisis económica, deben cerrar sus puertas por ser reiteradamente asaltados son algunas de las caras de esta realidad triste. Muchos de esos comercios son pequeños, atendidos por laburantes que tienen que sacrificar ese ingreso extra por miedo a ser un muerto más en la siniestra estadística. Y no hablamos de grandes ciudades sino también de ciudades medianas y pequeñas. Tenemos en el país jóvenes en la miseria que no pueden estudiar por falta de elementos y zapatillas y otros tantos que, amparados por el Estado y la (in)Justicia, hacen de su miseria la excusa para quitarle la vida a otros, ante la vista gorda de gobernantes que aumentan su patrimonio y tiran la pelota a otro lado. La culpa es de los fondos buitres, de los medios, del imperio, de los jubilados, de los diabéticos, de los perros, las mulas, el bicho bolita y el calentamiento global.

La desazón de sentirse desamparados y descuidados por quienes deben velar por el cumplimiento de derechos y garantías elementales para todos no nos da perspectivas muy buenas a futuro sino una atemorizante incertidumbre por lo que vendrá. Seguro habrá personas a las que no les gustará lo que están leyendo aquí, pero es una realidad evidente que sólo muy pocos no perciben a diario. No hay antidemocracia en reclamar seguridad, no hay antidemocracia en declarar transparencia administrativa, ni en pedir que se cumplan las Leyes y que exista justicia. Antidemocrático es reducir a la Democracia a solo a un mero acto electivo y politizar los reclamos de la sociedad que no suenan tan lindos a los oídos de los políticos y que ponen en evidencia sus falencias, omisiones y miserias.

¿Para qué digo todo esto? Es un intento de reflexión. No tengo la respuesta, tan sólo ideas sueltas y valores inculcados. Soy un argentino como vos, como tu vecino, que se cansó de las muchas abstracciones y promesas pero sobre todo de la violencia constante en la que se vive y que cada vez que entra al cuarto oscuro tiene la esperanza -frustrada- de un país mejor.