Cultura

Santiago Cánepa: el sexo que se hace, el sexo que se cuenta

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07/03/2014

Santiago Cánepa: el sexo que se hace, el sexo que se cuenta

Coger y contarlo es la nueva novela de este escritor porteño cuya arma más certera es la extrema honestidad a la hora de narrar situaciones cotidianas. El autor nos habla de su obra y, consciente de la potencia del título y de la crudeza del texto, aclara: “Para gustarle a todos está la Coca-Cola”.

Por Marisol González Nazábal | mgonzaleznazabal@revistamagna.com.ar

Después de Una galera y un libro para Fernando Salvatierra (2006 - Editorial Argenta), publicación que fue utilizada como material de trabajo en distintas instituciones educativas del país, Santiago Cánepa decidió cambiar el rumbo y lanzar Coger y contarlo, una novela realista en la que si bien el hilo conductor es el sexo, se tocan temas tan humanos como el amor, la violencia, el sufrimiento y los sueños. Los protagonistas de la historia son Santiago y Laura, quienes les harán frente a las drogas, a las infidelidades, a una convivencia temprana y a la creencia de que la vida está en otro lado… una gran espiral que los llevará a mirarse verdaderamente y a encontrarse con quien no querían encontrarse. Los primeros capítulos ya pueden leerse a través de la fanpage oficial de FB de Coger y contarlo, la cual fue censurada por no cumplir con las "Normas comunitarias de Facebook" (consideró que un capítulo del libro era "inadecuado"), pero ya volvió a estar en funcionamiento.

A pesar de ser un autor sub-30, Cánepa ha dictado charlas sobre escritura y procesos creativos, y se ha desempeñado en medios radiales, gráficos y televisivos. Con una seguridad implacable, afirma que Coger y contarlo -que llegará a las librerías en abril- es de muchas maneras “autobiográfico” y agrega que “quien se horrorice con el título o la temática es un pelotudo”.

Las muchas reacciones físicas que le provocó la escritura, la hipocresía de la gente al hablar de sexo y la curiosa forma en la que se le ocurrió el nombre del libro son los temas que se tratan en esta entrevista sin tabúes.

"Me pasé un mes y medio encerrado en mi casa, prácticamente sin salir a la calle, tecleando frenéticamente, escribiendo como loco", cuenta Cánepa. | Imagen: David Santoandré - Kuno producciones

¿Por qué el protagonista se llama Santiago igual que vos y es escritor como vos?

Porque en pocas palabras soy yo. Soy muy poco imaginativo como para crear historias de cero. Cada palabra que escribo tiene un disparador en la realidad. Escribo sobre lo que conozco y me es imposible no involucrar mis sentimientos en ello. Todo para mí es autobiográfico. Aunque eso no significa que las cosas que cuento en el libro hayan pasado sí o sí de ese modo, o que hayan pasado siquiera. Digo, algunas pasaron, otras no. Otras pudieran haber pasado o me hubiese gustado que pasen. Pero todas, absolutamente todas, tienen un pie en la realidad. Nacen de mí como el resultado de situaciones que viví, absorbí, procesé y luego vomité sobre la hoja. No hay más que eso. Es puro desahogo. Es pura emoción. Lo vivo como un actor que es asaltado de pronto por el personaje que interpreta. He llegado a llorar desconsoladamente narrando una página y a masturbarme media hora después, por no poder más de la calentura que sentía al narrar otra situación totalmente distinta. De hecho, cuando comencé a escribir la novela, sin saber que sería una novela, y mucho menos que se llamaría Coger y contarlo, el protagonista se llamaba Gabriel, y era mi alter ego para narrar situaciones más o menos divertidas, basadas en lo que día a día iba viviendo con mi pareja de entonces. Con el tiempo la pareja se fue transformando, nosotros nos fuimos transformando, y algunos años después, cuando las situaciones que debía narrar no tenían la alegría de los primeros textos, debí cambiarle el nombre a Gabriel y ponerle Santiago para reconocerme y enfrentarlo, afrontar el final del libro. Que no era otra cosa que revivir el final de mi relación amorosa. Y la verdad es que no me fue fácil, le tenía miedo a ese final, escapaba, buscaba excusas para no escribir. Hasta que una noche, como dije, agarré todos los textos y cambié la palabra “Gabriel” por la palabra “Santiago”, y fue un despertar, una canilla que se abrió dejando salir todo lo que tenía adentro. Así que, envalentonado por unas cuántas flores y unas cuántas cervezas, me pasé un mes y medio encerrado en mi casa, prácticamente sin salir a la calle, tecleando frenéticamente, escribiendo como loco. Tan metido en la novela que apenas paraba para comer o dormir o ir al baño. Una experiencia agotadora pero asombrosa, una de las mejores de mi vida. El resultado fue un libro que combina la paz y el brillo de los primeros días, con la mierda y la oscuridad del final de mi historia. Un libro que me dio pelea, pero del que puedo sentirme orgulloso.

En tu blog aseguras que Coger y contarlo “no es un libro de sexo, aunque sí tiene mucho sexo”, ¿cómo lo definirías entonces?

El autor presentar su segunda obra, luego de "Una galera y un libro para Fernando Salvatierra" (2006 - Editorial Argenta). | Imagen:  David Santoandré - Kuno producciones

Lo definiría como un libro donde el sexo es un elemento muy importante, que está presente de forma explícita en una gran parte del libro, a la vez que sobrevuela omnipresente -como una presencia invisible superior a todo- en cada línea. Es la punta del iceberg, el puente que ayuda y sirve para contar otras historias, pero es un elemento más. Porque para mí, un libro exclusivamente de sexo (cuyo hilo conductor; su principio y su final sería el sexo) sería un libro vacío. Que a mí no me gustaría leer y menos escribir. Es como el humor; conozco cientos de comediantes de stand up (todas figuritas repetidas; todos boludos que no cogen y encima lo cuentan en público) que salen al escenario con la sola premisa de hacer reír. Y para mí eso es humor vacío. Un show que se termina cuando dejás la sala. En cambio, cuando el humor -o en el caso del libro, el sexo- son sólo medios para contar otra historia (posiblemente un drama), para criticar o para expresar una idea, todo se vuelve mucho más rico. Más sustancial. Tenemos, de ese modo, comediantes que nos dejan pensando o libros que no se terminan en la última página. Libros con vida. Libros realistas. Y Coger y contarlo es un libro realista. Por eso dentro de él no hay sólo humor y sexo, sino que también hay amor, inseguridades, dudas, sufrimiento, violencia, sueños y pasiones. Y todas esas cosas que constituyen la vida y que no se pueden resumir en pocas palabras.

Porque, además, no todo es tan lineal. No es tan directo eso de Coger y contarlo. El libro no se trata solamente de las aventuras sexuales de un escritor al que se le dan bien las cosas con las mujeres, que coge y lo cuenta. El tipo tiene problemas con eso y lo sufre y lo disfruta, todo a la vez. Y su pareja también. De hecho, no todo pasa por él, por mi tocayo, el protagonista. Digo, su historia familiar juega un papel fundamental dentro de la novela. Como lo juega en la vida de cada uno de nosotros. Yo no podría haber escrito nunca una historia basada solamente en el sexo cuando vengo de una familia sumamente disfuncional. Donde el padre tenía fama de semental y vivía saltando de cama en cama, de puta en puta, volviendo a su casa los lunes para comer y dormir. Y claro, para contarle a su hijo todas sus peripecias sexuales.

¿El título es así de fuerte para provocar? ¿Cómo te vino a la mente?

Para empezar debo decir que para mí no es un título fuerte, sino que es, en todo caso, un título crudo. Y que sé que, desde luego, la crudeza siempre genera algo. Bueno o malo, pero lo genera, causa impacto. Y ese impacto muchas veces puede provocar. Porque sencillamente no estamos acostumbrados a decir o a escuchar la verdad, esa verdad pura y sin adornos. Digo, la mayoría de las personas hablan, por ejemplo, de hacer el amor, de acostarse, cuando lo que en realidad hacemos siempre -amemos o no a quien tenemos enfrente- es coger, copular, tener sexo. Esa es la realidad, la verdad objetiva: cogemos, desde lo más animal e instintivo. Sin más ornamentos: función fisiológica pura. Como cagar o pegar una trompada cuando nos volvemos locos. ¿O acaso a alguien se le ocurriría pensar que dos perros hacen el amor? Los perros cogen y punto. Y dudo mucho que después del acto se pregunten “¿Y ahora esto cómo sigue? ¿Qué somos: novios, amantes?” ¡Claro que no!

"Yo creo plenamente en que si cada vez que te sentás a escribir no sentís que te estás por enfrentar a trompadas con el tipo más enorme del mundo  [...] no tenés nada que hacer en el terreno de la literatura", dice el autor. | Imagen: David Santoandré - Kuno producciones

Desde luego entiendo que para mucha gente el título puede parecer fuerte u osado, hasta pornográfico. Pero la verdad es que la novela no podría llamarse de otra manera. Coger -dicho todo lo anterior- es básicamente vivir. Vivir conectado con la piel, la carne, los huesos, con todo nuestro cuerpo, con cada uno de sus sentimientos y emociones. Eso es coger en el universo de este libro. Y es así además como yo vivo la literatura: yo creo plenamente en que si cada vez que te sentás a escribir no sentís que te estás por enfrentar a trompadas con el tipo más enorme del mundo (un tipo que viene en forma de hoja en blanco) y que podés salir lastimado, todo roto, no tenés nada que hacer en el terreno de la literatura. Porque posiblemente vas a sufrir, vas a querer renunciar a contar eso que querés contar, que te bulle adentro. Hay que tener pelotas para hacerlo. Por supuesto que cuando lograste derrotar a ese tipo (léase vencer la hoja en blanco) y ya sabés hacia donde vas, viene la recompensa: ese tipo se convierte en una hembra hermosa, una puta exquisita que en cuatro patas te deja hacerle de todo, lo que quieras. Y es ahí cuando entra la poesía, el placer de meter una palabra atrás de la otra como si fueras Hendrix tirando melodías en una guitarra. Instinto puro, guiado por la intuición y ordenado por la lógica. Algo, además, tan humano como respirar. Algo esencial. Que no es otra cosa que comunicarse. Sacar de adentro eso que te está por explotar en el pecho. De hecho, dentro de la novela hay una escena que resume muy bien este postulado. Y la foto de la tapa del libro va a terminar de abreviar visualmente la idea. ¡Pero mucho no quiero adelantar!

Ligado a eso, puedo decir que el nombre de la novela se me ocurrió en un telo, mientras tenía delante mío a una mina en cuatro y pensaba en lo fantástico que sería tener en ese momento mi laptop a mano, para contar las maravillas que estábamos haciendo. Fue sencillo, se me vino una imagen a la cabeza. Y dije: “claro, Coger y contarlo”.

Tu primer trabajo ("Una galera y un libro para Fernando Salvatierra") fue utilizado como material de trabajo en distintas instituciones educativas de la Argentina. ¿No temés que quienes te hayan conocido por aquel libro se horroricen con el título y la temática del nuevo?

En absoluto. Y quien se horrorice con el título o la temática es un pelotudo. Porque se estaría horrorizando de la vida misma, teniendo en cuenta la respuesta anterior. A mí me tiene sin cuidado: el que se horroriza, que lea otra cosa. No me ofende. Porque yo sé que no puedo escribir para todo el mundo. No sería auténtico. Además de que es iluso creer que lo que uno hace va a tener aceptación total. Sería imposible que algo así sucediera. Y si yo cambiara alguna palabra del libro para tener cien o mil lectores más, sería un canalla. Y no merecería el respeto ni de mis amigos. Yo escribo lo que me gusta y me calienta (en el sentido más amplio de la palabra). Y si me calienta a mí, es muy probable que caliente a otros. Esa es mi única premisa. Para gustarle a todos está la Coca Cola.

En la literatura erótica, hubo un antes y un después de “50 sombras de Grey”. ¿Lo leíste? ¿Qué opinión te merece?

Coger y contarlo 2

La verdad es que no lo leí, no es un libro que haya captado mi atención. Así que por eso mismo no puedo opinar al respecto. De todos modos me parece bueno aclarar que no creo que Coger y contarlo sea un libro erótico. Para nada. Por eso mismo de que no creo que sea un libro de sexo aunque sí tenga mucho sexo. Ahora, si cuando alguien lo lee se siente excitado o erotizado, ese es otro cantar y bienvenido sea. Porque eso dentro de Coger y contarlo no será distinto a sentirse triste o alegre, o enojado o en paz. Digo, no será más que una emoción generada por el libro. Y eso es genial. Así que si se calientan y se masturban, piensen en mí.

¿Crees en las segundas partes? ¿Podría haber un "Coger y contarlo II"?

Creo en las segundas partes, pero no sé si habrá más Coger y contarlo o no. Puede que sí o puede que no. Eso depende pura y exclusivamente de mis ganas. Si cuando me vuelva a sentar a escribir, me surge un nuevo Coger y contarlo, lo haré sin ningún problema. Sino no. Porque eso sería traicionarme a mí (que sería lo de menos) y, sobre todo, traicionar a todas las personas que día a día reciben con tanta pasión el libro. O mejor dicho, lo poco de él que han podido leer en mi blog. Sencillamente porque lo que les gusta del él es que brotó de mí como algo natural, algo genuino, y eso los identifica. Saben que no hay un escritor buscando narrar historias sexuales sólo para atrapar lectores: hay un tipo lidiando con la vida que utiliza la literatura para no volverse loco. Para atesorar vivencias o para dejar una marca en el mundo, una huella de que pasó efímeramente por este mundo. Y eso se nota y se retribuye.

Por lo pronto, ahora estoy empezando un libro que nada tiene que ver con Coger y contarlo. Y que escribiré junto Víctor Wolf, un maestro para mí y un genio de la palabra escrita y del humor. Un libro que contará la historia de uno de los teatros más legendarios y con más mística de la Argentina. Que es sinónimo de under y de comedia