Sociedad

Sarasa, Chillar, Cristiano Muerto… Las cosas por su nombre

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31/07/2014

Sarasa, Chillar, Cristiano Muerto… Las cosas por su nombre

Las denominaciones de muchas ciudades y pueblos tienen orígenes en apellidos, estancias, rasgos naturales y hechos históricos, entre otros. No por ello muchas de ellas dejan de sonar raras a nuestros oídos. En Magna te invitamos a leer una recopilación de localidades bonaerenses con nombres un tanto extraños.

Por Alan Laursen | alaursen@revistamagna.com.ar

Hay un libro del lingüista Tzvetan Todorov llamado La Conquista de América. El problema del Otro en el que, entre otras cosas, cuenta la llegada de Colón a América y su tarea de darle nombre a los lugares que estaba descubriendo –pero que los nativos ya conocían y ya habían nombrado en su lengua, por supuesto-. Menciona el autor que el primer acto de Colón fue nombrar los lugares con denominaciones religiosas hasta que se quedó sin nombres religiosos (¿o sin creatividad?) y comenzó a denominar a los lugares a partir de sus características. A un cabo lleno de palmas le puso “Palmas”, a otro cabo lo denominó “Cabo Alto” y “Cabo Bajo” porque el mismo entraba en el mar alto y bajo, a un río en el que hallaron pedacitos de oro en cantidad le puso “Río del Oro” y así siguen varios ejemplos que parecen dar a entender que Cristóbal Colón no estaba muy motivado o muy ducho con el tema de las denominaciones. Como sea, el hecho de “nombrar” algo es más que un mero acto, es simbólico, poderoso. Tal como dice Todorov, “el dar nombres equivale a una toma de posesión”.

El nombre Hinojo, de la localidad ubicada en el partido de Olavarría, proviene de la gran cantidad de hinojales que rondaban en el lugar. En la imagen, la estación de trenes de la misma. | Imagen: Wikimedia Commons

Mucho tiempo después en nuestra historia, siglos XIX y XX, los nombres de algunas localidades, pueblos y parajes demuestran un poco más de creatividad en la elección de los nombres, o al menos cierta referencia a su origen. Aunque claro, hay nombres que van dándose solos, por su uso cotidiano informal, en referencia a alguna característica o algún hecho que la gente tiene en mente y así va grabándose en la conciencia lo que después pasa a ser el nombre oficial de ese lugar. Circunscribiéndonos sólo a la provincia de Buenos Aires, los ejemplos abundan.

Entre todos los nombres de ciudades, pueblos y parajes hay algunos que se destacan por sonar extraños, aunque no por eso carecen de lógica. Recuerdo que de chico me sonaban muy raros los nombres de algunos pueblos de mi zona. La llegada del ferrocarril al país y la extensión de sus ramales fueron un factor fundamental en la creación de nuevos poblados. Muchos de ellos crecían a la vera de las estaciones de tren y las vías. Las tierras para su construcción eran donadas generalmente por el dueño de las mismas y por ello eran bautizados los incipientes pueblos haciendo alusión al nombre o al apellido del benefactor, en honor a algún familiar suyo –generalmente madre, hijas o sobrinas- o al nombre de la estancia.

La denominación de la localidad de Coronel Pringles proviene del arroyo homónimo que pasa a siete kilómetros de allí. | Imagen: elorden.com

Se puede decir que esta es una de las formas más comunes en que los pueblos, especialmente los de la provincia de Buenos Aires, adquirieron sus nombres. Esto no los exime de llevar nombres extraños tales como Sarasa (Colón), en homenaje a la madre del que donó las tierras para erigir la estación de trenes, y La Mascota por el nombre de la estancia de Ricardo Martínez Rosas, quien también donó sus tierras con el mismo propósito. En el caso de Energía (Necochea) no se refiere a ninguna fuente generadora sino a la “energía” puesta por el terrateniente Ramón Santamarina en sus actividades. Un homenaje un tanto extraño, pero valedero. En el partido de Daireaux, en la localidad de La Copeta el homenaje no es al nombre sino al apodo de la dueña de las tierras, Josefina “La Copeta” Roca de Castells.

Muchos otros lugares adquieren el nombre por características de su geografía, por nombres de esas características geográficas particulares o por su flora y fauna. Por ejemplo Cristiano Muerto (San Cayetano) que adquiere su nombre por el arroyo que pasa cerca de la localidad, al igual que Indio Rico y El Divisorio (Cnel. Pringles). Sobre la denominación Copetonas (Tres Arroyos) hay al menos dos versiones. La primera dice que su nombre es por la cantidad de perdices “copetonas” que había en el lugar al momento del nacimiento del ejido aunque otros sostienen que los ingenieros británicos del ferrocarril lo nombraron así por alguna referencia al puerto africano de Cape Town (Ciudad del Cabo). Hinojo (Olavarría) proviene de los hinojales de la zona en dónde fue emplazado y El Zorro (Cnel. Dorrego) por la abundancia de ese animal en el lugar.

El nombre de Chillar, perteneciente a Azul, es una deformación de una voz indígena que alude a la montura de los caballos. | Imagen: psazul.org.ar

Otros han adquirido sus nombres en honor a circunstancias históricas tales como batallas independentistas. Cucha Cucha (Chacabuco) y Pichincha (Villegas) son dos batallas decimonónicas en cuyos nombres se basaron para nombrar esas localidades, pero que a los oídos no dejan de ser al menos simpáticos. Igual que Chillar (Azul), que es una deformación de una voz indígena que alude a la montura de los caballos. Esta última es una de las tantas localidades que llevan por nombre expresiones de pueblos originarios, pero en este caso su morfología la iguala a la palabra castellana que es cuasi sinónimo de gritar en un sentido más animal.

Otros nombres extraños para resaltar son La Chumbeada (Gral. Belgrano), que refiere a la voz portuguesa “chumbo” que significa bala y “chumbiar” (disparo) y Open Door (Luján) por el nombre del tristemente célebre hospital psiquiátrico que en sus orígenes trabajaba con el sistema open door (régimen de puertas abiertas). Otra localidad, que en realidad es un paraje rural hoy casi desaparecido, es El Hueso Clavado (Tres Arroyos), cuyo nombre y su origen son un tanto inciertos pero dos de las razones más populares que me han contado es que un colono encontró un hueso clavado en la tierra en ese lugar y de allí nació como referencia y como nombre, y también que refiere a una pulpería de la zona en donde se jugaba a “la taba”. Ese juego justamente se hace utilizando un hueso de vertebra de vaca. El paisano afortunado era aquel que al tirar el hueso lograba que “se clavara” (que cayera) del lado de la suerte.

Cada lugar tiene su historia, y una parte fundamental de su historia está grabada en el nombre que lleva. ¿Y tu lugar? ¿por qué se llama así?