Sexo

Sexo sin prejuicios, amor sin etiquetas

por Laila Rocío Rott

28/10/2015

Buenos aires está entre las cinco ciudades más infieles de Latinoamérica. En los últimos años, los jóvenes descubrieron nuevas maneras de vincularse entre sí y la barrera entre el amor y la amistad es cada vez más difusa. El querer estar con todos todo el tiempo y explotar al máximo la sexualidad.

Sexo sin prejuicios, amor sin etiquetas
El sexo sin amor existió siempre, pero en los últimos años ganó más notoriedad. | Imagen: blogtalkradio.com

Buenos Aires se destaca por muchas cosas: el obelisco, el tango, La Bombonera y el fútbol, el turismo… La enumeración podría continuar sin fin. Pero hay algo por lo que sobresale ante varios de sus competidores: según el sitio web Ashley Madison, es la quinta ciudad más infiel de Latinoamérica, luego de Santiago de Chile, Curitiba, Naucalpan y Medellín. El amor se vuelve cada vez más efímero, y los jóvenes ya empiezan a hacer notar esta tendencia. Sexo sin prejuicios, relaciones sin rótulos, amor sin etiquetas y una amistad "all inclusive" donde todo está permitido, incluso aventurarse con la novia del otro.

Sexualidad y sociedad: todo yira y yira 

Las sociedades cambian y lo hacen cada vez más rápido. El amor, la amistad y, en general, las relaciones interpersonales no siempre se vivieron de la misma manera. Diego Raus es sociólogo y docente de la Universidad de Buenos Aires (UBA) y la Universidad Nacional de Lanús (UNLA). Sergio Balardini es psicólogo y cientista social, miembro de la fundación Friedrich Ebert y la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales (FLACSO). Ambos se animaron a analizar objetivamente a la juventud de hoy y a establecer ciertas diferencias con tiempos pasados. Para empezar, es necesario reconocer que “hubo un cambio terrible entre los jóvenes de hace 30 años y los de ahora; y uno de los aspectos más importantes tiene que ver con una apertura muy grande en términos de los vínculos humanos”. Para Raus, se desvaneció un poco la importancia que tenía la amistad y la existencia de ciertos códigos. El caso de Wanda Nara y Mauro Icardi o de Marcelo Tinelli y Guillermina Valdés vienen como anillo al dedo: “En mi época, a Icardi le hubieran dicho que es el más forro de los forros", bromeó el especialista.

Si bien antes las relaciones eran más difíciles de establecer, una vez logradas ciertos códigos infranqueables se ponían en juego para hacerlas durar. Es este, tal vez, el quid de la cuestión. “Quizás ya no hay códigos o ya no son tan fuertes como antes”, opinó Raus. La cuestión es simple: si uno no siente esas reglas, no las está rompiendo. Sin embargo, nada nos hace pensar que esto no vuelva a cambiar: “La humanidad siempre tiene una capacidad de reacción, quizás en el futuro se volverán a consolidar vínculos humanos muy fuertes de una manera desconocida hasta ahora”.

Balardini acordó con su colega y afirmó que “probablemente haya códigos diferentes dentro de los cuales pueden haber no códigos”. Antes, estas ideas tenían que ver con el proyecto común y la tolerancia. En la actualidad, el consumo se entromete en los vínculos y empiezan a construirse las identidades a partir de lo que se consume: “Las relaciones también se consumen, yo me dejo consumir a la vez que te consumo”. Entre los jóvenes, ahora hay mucha más “navegación de superficie que inmersión en profundidad” a la hora de relacionarse, sin lograr consolidar lazos.

¿Infidelidad en los jóvenes? Ebullición hormonal y liberación sexual

Durante la adolescencia, comienzan a haber cambios hormonales que repercuten en los gustos y actitudes de las personas. La sexualidad y la experimentación se abren paso y empiezan a influir en la relación con los pares, tanto del mismo género como del contrario. La Dra. Andrea Fratta es médica y sexóloga clínica del Hospital Zubizarreta, y madre de hijos veinteañeros. Tanto desde su profesión como desde la experiencia, se metió en el tema y analizó cómo vive el sexo y el amor un joven-tipo de hoy. La revolución sentimental y hormonal siempre existió, pero con el tiempo fue variando sus expresiones.

“Cuando uno está en esa edad trata de conectarse con los pares”, adelantó la especialista. Tiene que ver con la investigación de lo que le está pasando y esto implica “salir con otras personas”. El concepto de fiel se relaciona con un compromiso firme a determinadas ideas, objetivos y afectos. La infidelidad en los chicos tiene su correlato en esa constante y necesaria experimentación. Fratta prefiere llamar a este fenómeno “interconexiones y no infidelidad, porque la fidelidad es cuando uno se compromete y hay un objetivo claro y firme con esa persona”. Ahora, los jóvenes se interrelacionan para buscar conocimientos, experiencias y no se reprimen para eso. “El afecto no es la emoción principal, son más bien cuestiones físicas que deben expresarse”, agregó.

El sexo sin amor existió siempre, pero en los últimos años ganó más notoriedad. Según la doctora, “de chico, uno tiene pulsión sexual y la diferencia con otras épocas es que la disponibilidad de parejas ahora es mucho más fácil”. Es una situación química y física que lleva a uno a pensar que tiene que tener relaciones con el que esté disponible, sin importar si hay o no un mínimo de atracción. “Ese deseo de estar con todos es puramente hormonal, solamente una experimentación”, aclaró. El consumo de ciertas drogas o alcohol impulsan aún más estas situaciones al tener un efecto desinhibidor, liberador de emociones.

En las últimas décadas, la publicidad, los medios de comunicación  y las redes sociales influyeron cada vez más en la vida de la gente. Desde estos campos, se accede a información que antes no había, importante para la formación de la personalidad, la sexualidad y el universo de los jóvenes. Por otro lado, los mandatos culturales de los padres y del sistema educativo empiezan a perder rigidez y uno se va a haciendo más dueño de sus experiencias. Los tabúes comienzan a dejarse de lado y, como coincidieron todos los especialistas consultados, la sociedad se abrió y el sexo, el amor y sus derivaciones empiezan a ser más corrientes. Cada vez más desprejuiciados, los jóvenes están dispuestos a vivir todo a toda hora, cueste lo que cueste.