Vida Sana

Síndrome de Peter Pan: Yo quiero volver y no crecer más

por Natalia Coderch

28/02/2013

El caso más emblemático fue el de Michael Jackson pero los rasgos de irresponsabilidad, narcisismo, dependencia y negación del envejecimiento están cada vez más generalizados. ¿Queremos vivir en este mundo o en el País de Nunca Jamás?

Síndrome de Peter Pan: Yo quiero volver y no crecer más
Imagen: picssr.com/tags/pastv/interesting

Si bien no existe evidencia que muestre que sea una enfermedad psicológica existente, el “Síndrome de Peter Pan” se ha vuelto un problema cada vez más común en la sociedad moderna pos-industrial.

Popularizado por Michael Jackson y sus incansables intentos por no “crecer”, es entendido como un desfase patológico entre la edad cronológica de una persona y su madurez afectiva. Lógicamente cuando decimos Peter Pan es inevitable acordarse de aquel personaje de los cuentos vestido de verde musgo, con pantalones achupinados, zapatos puntiagudos al mejor estilo Loco Mía, y una remera bien ceñida al cuerpo con algunos dejos afeminados.

Pero esta manera de comportarse (a lo Peter Pan) no se refiere a la forma de vestir del personaje, sino a su filosofía de vida que consiste básicamente en ser niño eternamente, no asumir demasiadas responsabilidades y vivir jugando, lo que tranquilamente podría resumirse en una fuerte negación a MADURAR.

Al parecer, y desde el punto de vista de la psiquiatría, ni siquiera es un síndrome sino que simplemente hace referencia a la presencia de algunos aspectos de inmadurez, social y psicológica. Esta “filosofía de vida Peter-Panesca” sería la manifestación de cierta fijación que tienen los individuos en estadios previos del desarrollo del sujeto. Así es como la dificultad para asumir responsabilidades y la no aceptación del envejecimiento se hace presente en estos individuos con  personalidades narcisistas y dependientes.

Pero que no cunda el pánico, si ahora que ya sabes de qué se trata te identificas con frases tales como “Listo, soy un típico caso de Peter Pan”, “Comparto el techo con un Peter Pan” o “Estamos rodeados de Peter Panes” te contamos que el “síndrome” mencionado no mata, aunque sí podría llegar a generar algunos golpes emocionales leves para quienes tienen que concurrir al horror de ver a un hombre de edad madura hacerse el niñito. Heridas no perjudiciales para la salud, simplemente para la vista.

El “síndrome” de Peter Pan no discrimina edades, puede haber sujetos de veinte o de sesenta años que lo padezcan. Lógicamente, mientras más avanzada sea la edad de quien sobrelleva esta "patología”, más florido resulta el “espectáculo” para el regocijo de algunos o para el fastidio de otros. Hasta ahora y como pinta el panorama, todo pareciera indicar que padecer este “síndrome” o conocer a quien lo padezca hasta podría resultar algo jocoso, pero… ¿Cuáles son las contras?

Uno de los principales puntos negativos es lo complicado y conflictivo que puede resultar el relacionarse con estos sujetos, siempre y cuando la fortuna golpee tu puerta y llegaras a lograrlo, ya que este tipo de personas tiene serios problemas para entablar relaciones formales, porque al ser una especie de niños “encerrados” en cuerpos de grandes, el único compromiso que tienen en sus vidas es con la inmadurez.

El típico caso de Peter Pan es al que vulgarmente se le denomina “pendeviejo”. Claro ejemplo de esto son los hombres que hacen un culto de su cuerpo. Están aquellos quienes aún con las “chapas” voladas se cuidan la cabellera como si vivieran de hacer publicidad de shampoo para el pelo. En los casos más evidentes andan en sus autos último modelo y siempre mejor si son descapotables. Tienen la gran necesidad de mostrarse y de ser el centro de atención, para lo que hacen grandes gastos de energía. Sus relaciones sentimentales son pasajeras y duran menos que un suspiro. Son galanes, eternos seductores y picaflores. ¿Sus presas más comunes?: las mujeres más jóvenes, que incluso llegan a ser menores que sus propios hijos. Sí, es así, los Peter Pan también tienen hijos, quienes viven quejándose de la inmadurez de sus progenitores y están cansados de decir que son “los padres de sus propios padres”.

Cada vez son más los casos de Peter Pan, hombres que se niegan a crecer, que hacen lo imposible por borrar las huellas del paso del tiempo, ¿o acaso es casual tanta oferta de centros de estética, gente botoxeada sin una línea de expresión en sus rostros, labios hinchados que parecen el pico del Pato Donald, dientes blancos y parejos como si se hubieran puesto chicles Adams, y glúteos y lolas en los que se podría apoyar una bandeja repleta de tragos sin que se cayera un solo vaso y que van totalmente en contra de las leyes de la gravedad? Esto también es una particularidad de quienes padecen algo de la “filosofía Peter-Panesca”.

Pero para suerte de nuestras retinas, el Peter Pan moderno no se envuelve cual matambre dentro de un traje verde musgo ni desfila por la vida con zapatos de duende, sino que simplemente pretende vivir en una perdurable juventud.

¿Quién no ha hecho algo alguna vez por evitar el paso del tiempo, quién no ha deseado volver a la secundaria o vivir libremente sin preocupaciones ni responsabilidades? ¿Se puede juzgar a alguien por querer ser así? Quien esté exento de haber vivido en algún momento en la “dimensión Peter Pan”, que lance la primera piedra.