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Teatro Colón, la sala de ópera más importante del mundo

por Julieta Mazzeo

03/07/2014

Declarado Monumento Histórico Nacional en 1989 es, junto con La Scala de Milán, La Ópera Estatal de Viena, la Semper de Dresde y el Palacio Garnier de París, uno de los cinco teatros más valorados del mundo. Portador de historia y controversia, será siempre ícono de la cultura argentina.

Teatro Colón, la sala de ópera más importante del mundo

Wagner compuso la ópera más larga del mundo: 17 horas de música que muchas veces se apreciaron continuas y, la mayoría, en funciones consecutivas de cuatro días. Décadas más tarde, su bisnieta compuso una adaptación reducida de siete horas. Para su estreno mundial eligió -entre todas las salas del mundo- el Teatro Colón mientras que Pavarotti no quiso volver a presentarse en él ya que su afinada acústica le ejercía mucha presión. Durante la Segunda Guerra Mundial, los exiliados artísticos llegaban en barco desde Europa para presentarse en este teatro. Y estas mismas paredes que escucharon los más afinados acordes y que vieron nacer a los mejores bailarines del mundo guardan más de un secreto y millones de aplausos.

Quizás se llame Colón por una ley de la época que no permitía nombrar a los edificios públicos con nombres de próceres nacionales. Lo cierto es que su historia comenzó tan sólo 400 años después del descubrimiento de América, en una de las manzanas más famosas de Buenos Aires, esa que hoy día tiene la ochava más grande de la ciudad: la del Banco Nación. Allí, entre 1857 y 1888, fue donde nuestro país tuvo el honor de escuchar los primeros conciertos.

Durante la última restauración del Colón se invirtieron 100 millones de dólares, lo que lo convierte en el edificio más caro del país. | Imagen: buenosaires.gob.ar

En 1886, el Intendente Torcuato de Alvear realizó una licitación pública para la construcción de un nuevo teatro de ópera. El empresario italiano Angelo Ferrari salió licitado, llevando adelante su proyecto junto con el arquitecto Francesco Tamburini, quien falleció cuando solamente estaba construido el primer nivel. Continuó con la obra su colaborador, el arquitecto Vittorio Meano, pero también falleció durante la obra. Aunque su muerte es anecdótica: volvió a su domicilio para buscar unos planos que había olvidado, y encontró a su mujer engañándolo con el mayordomo. Se dice que tras una discusión, este terminó asesinándolo. Ambos arquitectos murieron a la misma edad: 44 años. Fue difícil encontrar quien quisiera continuar con el proyecto, ya que pensaban que portaba una maldición. Finalmente, el belga Jules Dormal se ofreció a terminar la construcción bajo una condición: lo haría gratis a cambio de que le permitieran realizar algunas modificaciones a los planos originales. A esta altura, Ferrari se encontraba al borde de la quiebra, por lo que se enferma de la depresión para luego morir. Fue así cómo el gobierno se adueñó del proyecto. Aunque, después de algunos años, el presupuesto público no alcanzó y la obra terminó siendo financiada por las familias más ricas de Buenos Aires.

Este teatro se inauguró un 25 de mayo de 1908. En 2006, cerró sus puertas por cuatro años para ser remodelado como nunca antes. El guía que nos acompaña en el recorrido nos cuenta que para esta ocasión se invirtieron 100 millones de dólares, hecho que -en una ciudad donde hay hospitales que se caen a pedazos, pozos por doquier, inseguridad, y cientos de etcéteras que todo porteño conoce- provocó demasiada controversia. El teatro de mayor acústica del mundo es, también, el edificio más caro de Argentina.

El Salón Dorado es centro de conciertos de música de cámara, conferencias y exposiciones paralelas a la actividad de la sala. | Imagen: buenosaires.gob.ar

Sin ánimos de debatir, continuamos nuestro recorrido, tratando de ponernos en la piel de la sociedad de un Buenos Aires brillante de opulencia, aquella misma que lo vio nacer. Fue la época en la cual se construyeron todos los grandes y lujosos edificios públicos del país como por ejemplo (en Buenos Aires) el Congreso de la Nación, el edificio de la Aduana, El Palacio de Justicia, El Correo Central, la apertura de la Avenida de Mayo y la construcción de todos los edificios que se encuentran a sus pies, la reforma definitiva de la fachada de la Casa Rosada; y la construcción de las tantas residencias privadas para las cuales se contrataban a arquitectos franceses de renombre. La Capital Federal se parecía cada vez más a Europa, lo mismo intentaba la sociedad. En este sentido, la austera decoración del salón de entrada del teatro es generosa con el público: aquí lo más importante es la gente. El vestuario, las joyas, los peinados… todo tiene que relucir y nada tiene que opacar el esmero de las damas y caballeros que asisten a cada función, y este salón es la oportunidad para hacerse ver. Nada está diseñado al azar: en la Galería de Bustos, entre los bustos de músicos famosos, también se encuentra una escultura llamada “El Secreto”, del alemán Gustav Eberlein. Son Afrodita y su hijo Eros, los representantes griegos del amor. Y como este salón también está diseñado para los espectadores de palcos y plateas que deseen tomar algo antes, durante o después de las funciones, he aquí esta noble escultura para endulzar los corazones y que, a lo mejor, se forme alguna pareja. A este salón le siguen el Salón Blanco y el Dorado. No, no estamos en Versalles, seguimos en Buenos Aires. Tratemos de olvidar lo que pasa al otro lado de la calle Libertad, de las sentencias que se dictan cruzando Plaza Lavalle, del tránsito agotador de la cercana Avenida Córdoba, y de la agitada vida mundana del micro-centro. Respiremos un poco de exquisito arte y olvidémonos del mundo. En este salón, día a día, se dictan clases de piano y también es usado para pequeñas funciones. El espíritu de una antigua Viena sigue vivo dentro del espacio delimitado por estas paredes espejadas. Hay ocasiones en las que también estos salones están abiertos para muestras de escenografía, vestuario y fotografía.

Uno de los hitos del teatro es su techo, resuelto en forma de cúpula rebajada, visible solamente desde el interior del edificio. | Imagen: buenosaires.gob.ar

La sala principal de este teatro, vista desde cualquier ángulo, no pasa desapercibida en la vida de ninguna persona, sea la primera o vigésima vez que se la visita. Su amplitud, su diseño, su gran cúpula, su araña gigante de 700 luces, el gran escenario. Todo a nuestro alrededor es majestuoso. Majestuoso en materia y alma, y trágicamente bello.

Aquí algunos datos para no olvidar:

  • El escenario tiene 35 metros de profundidad, los últimos cuatro metros son móviles y desde ahí pueden bajar y subir cosas desde los subsuelos.
  • Hay un mundo de tres subsuelos debajo del escenario: allí se encuentran los talleres de Maquinaria, Escenografía, Utilería, Sastrería, Zapatería, Tapicería, Mecánica escénica, Escultura, Fotografía, Maquillaje y Peluquería, así como también de Pintura y Artesanía Teatral, Luminotecnia, Efectos Especiales, Grabación y Video.
  • La creación y autoabastecimiento de los talleres comenzó en 1938.
  • En el Instituto Superior de Arte del Colón se dictan las carreras de Danza, Canto Lírico, Dirección de Orquesta, Preparación Musical de Ópera y Caracterización.
  • El piso del escenario gira como las agujas de un reloj, montando hasta cuatro escenografías al mismo tiempo.
  • Para las funciones de ballet se agrega una triple capa flexible que luego se enrolla y se guarda.
  • El foso de orquesta, de tres metros de profundidad, tiene capacidad para que toquen 120 músicos y se eleva para que, al terminar las funciones, estos puedan ser saludados y aplaudidos.
  • Hay una pantalla en la cual aparecen los subtítulos en las funciones de ópera, ya que son todas en alemán o italiano.
  • En el anillo de la cúpula, donde se encuentra la araña, hay un balcón con espacio para que toquen -ocultos- 20 músicos más. Esto se usa para efectos especiales, por ejemplo, para simular el canto de ángeles o la voz de Dios.
  • Al costado de las plateas se pueden observar unas ventanas enrejadas. Hoy en día se usan para sets de grabación; en el pasado eran “palcos ocultos” destinados a la gente que no quería ser vista, llámense viudas o amantes.
  • Las más de 600 butacas de la platea pueden quitarse y el piso elevarse convirtiéndose, el escenario y ese espacio, en un gran salón.
  • La mejor acústica puede apreciarse desde el último piso llamado “El paraíso”. Además de tratarse de las localidades más baratas del teatro, es donde entran 500 personas de pie y fue pensado para que pueda asistir la comunidad de inmigrantes italianos de la época.

El teatro ofrece visitas guiadas todos los días de la semana incluyendo los feriados (excepto el 1 de mayo, 25, 31 de diciembre y 1 de enero). La primera es a las 9:00 y la última a las 17:00, duran alrededor de 50 minutos. No hay que realizar una reserva excepto para las solicitadas en inglés, francés o portugués. El teatro se encuentra en pleno corazón de la ciudad, en la manzana rodeada por las calles Cerrito, Libertad, Tucumán y Lavalle. El ingreso a las visitas se hace por el Pasaje de Carruajes situado en la calle Tucumán al 1171. El costo de las mismas es de 50 pesos.