Bienvenidos a bordo

Un té de Jazmín

por Jazmín Slat

02/06/2016

A veces, una infusión caliente y el perfume del hogar es todo lo que necesitamos para sentirnos bien.

Un té de Jazmín

Qué lindo ese momento en el que, después de cada viaje, abro nuevamente la puerta de mi departamento. Mi espíritu nómade de repente volviéndose tan arraigado en ese pedacito de ciudad. Abro la puerta, y otra vez mi perfume; estoy en mi hogar.

Hace poco compré en un bodeguín de La Boca un cartelito que dice "Mi Buenos Aires querido” y enseguida supe dónde lo iba a colgar: en la puerta de mi casa. Así ya no sería ni la habitación 311 del hotel de Caracas, ni la 1802 del hotel de Miami, ni la 944 del de Madrid, ni la de tantas otras que cambian cada semana en cada país. Esta sería, felizmente, mi única puerta en el mundo. Porque ahí cada rincón es testigo de un momento, y cada cosa tiene algo en común: mi historia con Gugue, mi vida, mi refugio.

Tan cansada, me saco el uniforme sin hacer mucho ruido para no despertarlo, y con esa bata que siempre queda en casa, mientras preparo mi té de jazmín comienzo a sentir que nunca me fui. Puedo ver por la ventana que el sol está saliendo y a ese gran espejo plateado que pasa por los rosados hasta quedar completamente naranja. Ya no tengo ni el Mediterráneo, ni el Mar Caribe, ni el Mar de Tasmania, ni tantos de los otros mares frente a mis ojos, todos esos mares que pude conocer gracias a mi trabajo; pero ahora tengo al Río de la Plata que, a su manera, es exactamente hermoso. No hace mucho frío, entonces me quedo sentada en el balcón tomando mi té, hasta que esa transición entre el día y la noche está llegando a su fin y, así de extasiada, me voy a dormir apreciando lo lindo de poder acostarme otra vez en mi cama. Aunque estoy tan agotada que enseguida me quedo dormida.