Zona O

Una carta con el Papa como remitente

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18/12/2013

Una carta con el Papa como remitente

Gilberto Rossetti, quien por estos días cumplió 94 años, no dudó en escribirle a Francisco para contarle sobre su vida y para felicitarlo por su llegada al Vaticano. Y recibió algo que sólo él creía posible: una respuesta.

Por Marisol González Nazábal | mgonzaleznazabal@revistamagna.com.ar

Los dos hombres protagonistas de esta historia no se conocen y probablemente nunca lo hagan debido a la distancia espacial que los separa. Paradójicamente, algo los une fuertemente: la fe. Nos referimos a Gilberto Rossetti y al Papa Francisco. El primero tomó la decisión de escribirle al jefe de Estado del Vaticano una misiva en la que dio su opinión sobre la actualidad del catolicismo y lo felicitó, diciéndole que merece el cargo que ocupa. Y el segundo, a través de su asesor Mons. Peter B. Wells, no tardó en contestarle.

Gilberto nació en La Colina (Partido de General La Madrid, Provincia de Buenos Aires), “hijo de un italiano que vino a los 12 años al país y formó familia aquí”. A los 23 vino a nuestra ciudad, dónde realizó numerosos trabajos y tuvo una hija. “He pasado una vida ejemplar en Olavarría”, afirma.

Ante el fallecimiento de su mujer y su hija, Gilberto comenzó a residir en el Hogar para Mayores San Antonio. “Estoy muy feliz acá en el hogar, hace nueve años y medio que estoy. Cambió mi vida, le aseguro que me prolongó la vida, eso lo digo siempre. Es una predilección residir en el Hogar San Antonio”. Sus dueños, Graciela Antonio y Roberto Milanesi, acompañaron todo el proceso de la carta enviada al Papa en julio, durante la Jornada Mundial de la Juventud que Francisco presidió en Brasil.

En una mañana soleada y distendida, Gilberto -con 94 años recién cumplidos y el ánimo intacto- me contó cómo surgió su inquietud, la emoción al ver el sobre y cómo la misiva mejoró su vida de muchas maneras.

¿Qué lugar ocupa la religión en su vida?

Bueno, desde chico he ido a la iglesia y he sido bautizado, y después solía ir a misa en un pueblo chico que era conocido porque no tenía cura, era La Colina, tenía iglesia pero no tenía cura (risas). Solía ir un cura de Gral. Lamadrid. Nosotros asistíamos a misa pero no todos los domingos porque a veces debíamos ayudar a mi padre que tenía varios negocios, éramos 10 hermanos.

¿Suele estar informado de lo que ocurre en el mundo?

Siempre me gustó mucho leer diarios y revistas de moda, de cine, de todo. Y ahora también. Les leo acá a algunos muchachos el diario, me gusta cooperar.

¿Cómo surgió la idea de escribirle una carta al Papa Francisco?

Yo acostumbro a levantarme bien a la mañana, el día es para vivirlo. Y ese día pensé “me gustaría escribirle una carta al Papa” cuando había tanto furor por él y de acá iba mucha gente (a la Jornada Mundial de la Juventud en Brasil). Le quise escribir para contarle cosas de mi vida y de mi labor en Olavarría, cómo estaba, que se había ido mi familia, que estaba en un hogar y le detallaba lo que era el hogar para todos nosotros, que estaba muy contento con la designación de él como Papa. Que mucho tenemos recuerdos de él, de haberlo conocido de la televisión. Y entonces le consulté a mi amiga Graciela y ella me autorizó, dijo que le gustaría. Me acuerdo que me dijo "vos lo podés hacer" entonces me animé pero el problema era cómo la mandábamos. Y como todas las semanas viene Iris Lanceta (quien va al Hogar a guiar el rezo del Rosario) le pregunté a ella cómo podía hacer. A los dos días me llama de Azul para decirme que empiece a hacer la carta porque ya había conseguido con quien mandarla. Cuando me dijo "empezá" yo ya llevaba la mitad. La hice en dos días. Una mañana hice media carilla y al otro día la completé. Graciela también participó y lo saludó. Escribimos sin protocolos, como amigos. Lo tratamos de "che".

Iris la entregó a un sacerdote que fue con una delegación de Azul a Brasil, fueron dos colectivos. Luego él le confirmó a Iris que había podido dejar la carta dónde correspondía, en un lugar dónde la gente dejaba cartas, regalos, camisetas…todo eso después iba al Vaticano.

La misiva llegó un 9 de septiembre, exactamente dos meses después de que Gilberto la escribiera.

¿Qué expectativas tenía con respecto a una posible respuesta?

Yo mandé la carta con la esperanza de que me la contestara. Después de que me dijeron que la habían entregado, tenía la seguridad de que iba a contestar.

¿Qué cambió en su vida a partir de esta experiencia?

Me sirvió para levantar mi ánimo. Cuando la abrimos (con Graciela) le dije “vamos a abrirla y a sacarla entre los dos porque es nuestra, es de todos”. Así que la sacamos entre los dos y nos encontramos con la grata sorpresa. Saltábamos de alegría, cuando uno tiene un momento lindo así parece que el corazón late mucho más fuerte. Tuvimos una alegría enorme ese día y después a la noche la leímos para todos. Después avisamos al diario y a la radio y empezamos a hacer fotocopias, tengo una para vos.

En la carta que le escribió al Papa mencionaba que “otros credos contrarios a nuestra manera de pensar y actuar llevan mucha gente” y que “el catolicismo debe tomar un rumbo más positivo”, ¿a qué se refería?

Sin ofender a nadie, por supuesto que cada uno manda en su cuerpo, pero pienso que hay muchos credos que están avanzando, entonces yo creo que hay que levantar un poco la religión que estaba caída, nos hablan de lo mismo desde hace 4000 años. Yo noto que hay mañanas de domingos en las que la iglesia no está llena ni por la mitad, no como antes cuando yo iba con mi señora. Y noto que cuando pasamos por otras iglesias, que no digo que son buenas o malas sino que van avanzando y que la nuestra se va quedando, veo que hay como 50 coches afuera. Lo que digo es que desde el Vaticano hay que plantear un cambio, como ya está pasando.