Sociedad

Viajar por el placer de ayudar

por Jimena Del Curto

14/09/2017

Como Miguel, el protagonista de esta historia, muchas personas eligen tomar tiempo de sus vacaciones con un solo objetivo: ayudar al otro. Decidir el lugar, programar el viaje y emprender la aventura es todo un desafío.

Viajar por el placer de ayudar

Miguel es de Wilde, tiene una hija, es hincha fanático de Independiente y trabaja como mozo en un hotel cinco estrellas de la ciudad de Buenos Aires. Desde hace tres años, elige una de sus semanas de vacaciones para viajar a la Escuela 284 "Armada Argentina" ubicada en el departamento San Antonio, en el extremo sur de la provincia de Jujuy, dónde lleva donaciones de ropa, útiles y juguetes que él mismo se encarga de recolectar durante los meses previos a su partida.

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Una historia digna de ser contada

La pasión por Independiente llevó a Miguel a viajar por muchos lugares del interior del país, y así fue cómo durante un viaje al norte comenzó a gestar este sueño.

Mientras se encontraba en la provincia de Jujuy -lugar que ama profundamente-, descubrió que muchas personas dedicaban su tiempo de descanso a ayudar: “Estaba de vacaciones en Purmamarca, en donde conocí a unas chicas que me contaron que iban todos los años hasta allá a una escuela rural para entregar ropa y juguetes. Cuando volví de ese viaje, fui a la Casa de Jujuy en Buenos Aires, que está cerca del lugar donde trabajaba en ese momento, les pedí las direcciones de los colegios rurales que hay allá, y elegí la Escuela ‘Armada Argentina’ al azar. La verdad es que no me equivoqué porque el lugar está en el medio de la montaña, alejado de todo, un paisaje hermoso pero mucha pobreza. Ya es el tercer año que vamos”, explica.

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La elegida fue una escuela-albergue pública estatal ubicada en un sitio agreste y de difícil acceso que brinda educación, comida y hogar a los niños de las zonas aledañas. 

Romina y Osvaldo, sus amigos de “El Rojo” -entre tantos otros-, lo ayudan a programar su viaje. Ellos se encargan de seleccionar la ropa, de armar bolsas con útiles para que cada niño reciba las donaciones por igual, de embalar todo y de mandarlo por transporte terrestre tres o cuatro días previos a la salida de Miguel. Al momento de su llegada, se carga todo en un camión que le concede la municipalidad ya que para llegar a la escuela se debe atravesar en varias etapas el Río Blanco y superar algunas pendientes.

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Cuando Miguel llega a la escuela, no solo entrega las donaciones, sino que se queda a dormir allí, para compartir tiempo, aventuras y el cariño inmenso que los alumnos le brindan. “Todos los niños ingresan los lunes por la mañana y se alojan allí hasta el viernes por la tarde, cuando regresan a sus casas utilizando los mismos medios con los que llegaron: algunos a mula o a caballo y otros simplemente a pie, sin importar si hace frío extremo o calor a pleno sol”. Son más de 40 chicos y chicas los que recibe semanalmente la escuela a cargo de la Directora Alicia y de los maestros, quienes les brindan todos los cuidados, la atención y la educación que precisan. “Quedarme con ellos y compartir un rato de sus vidas, es algo sumamente gratificante porque lo vivimos con mucha alegría. Sentir que me esperan y que puedo hacer algo por ellos es indescriptible”, cuenta emocionado por la experiencia que vive año a año.