Turismo

Yavi, oasis puneño

por

10/03/2014

Yavi, oasis puneño

Un cielo celeste y brillante adornado de idílicas nubes, una fuente ilimitada de aire puro y la sensación de estar en otra época y en-el-medio-de-la-nada... Allí donde termina la Quebrada de Humahuaca, donde casi finaliza el país y a 16 km de la Quiaca, un pueblo del siglo XV tan lleno de historia como de sauces nos invita a desconectarnos de toda realidad actual.

Por Julieta Mazzeo | jmazzeo@revistamagna.com.ar

Detenido en el tiempo, casi escondido, casi olvidado. Sin calles asfaltadas, solamente algunas de piedra, sin electricidad, ni señal de teléfono, menos de internet. Un solo locutorio, que en realidad es una casa de particulares, conecta al resto del planeta. Alrededor de 300 habitantes viven en sus sencillas casas de adobe y techos de cañas y paja que resultan un refugio perfecto para las noches heladas de la Puna. Es placentero dormir en Yavi cuando la única música es el sonido del viento. Cómo nos sentimos especiales y hasta extraños frente a estos sucesos que son, en realidad, tan simples, los que vivimos en las grandes ciudades y sólo estamos acostumbrados a las bocinas, sirenas y ruidos de colectivos como escenario de fondo. Yavi es, seguramente, uno de los tantos rincones que tendrá la Argentina para ir a sanarse de todo lo que nos provoca estrés y cansancio.

Yavi 1

Por su lugar estratégico en el Camino Real que unía Buenos Aires con Cuzco, este pueblito fue residencia del único marqués designado por la Corona Española en esa zona: Juan José Fernández Campero de Herrera, el primer marqués del Valle del Tojo. La antigua residencia alberga en una de sus habitaciones a la biblioteca Bernardino Rivadavia que conserva como reliquia volúmenes antiquísimos, con ese olor "a páginas" que tanto gusta a los amantes de los libros en papel. Otra de las habitaciones de la casona funciona como local de venta de artesanías lugareñas y los jardines, en el último tiempo, fueron acondicionados como camping.

Un poco más allá se encuentra la Iglesia de San Francisco de Asís, una pequeña capilla de sencilla arquitectura cuyo interior cautiva y al mismo tiempo desorienta, con sus paredes laminadas en oro y una serie de pinturas religiosas que fueron encargadas a un famoso pintor del alto Perú para difundir los evangelios.

En las paredes de la Capilla de San Francisco se encuentran dos magníficas pinturas del maestro cuzqueño Matías Pizarro. | Imagen: Julieta Mazzeo

El río Yavi, que atraviesa al pueblo, es el que riega la aridez del lugar y hace que, en el medio del desierto, crezcan verdes y frondosos sauces. Este pueblito es, sin lugar a dudas, un oasis en el medio de la Puna.

Para los que estén interesados en seguir descubriendo lugares y la cultura de esta zona, a cinco kilómetros nos encontramos con el cordón montañoso "Ocho Hermanos", que destaca por sus ocho picos en el medio de la llanura y por la serie de pinturas rupestres de 2000 años de antigüedad que aun hoy conserva grabadas sobre sus paredes de ónix. Al pie del último cerro se encuentra la Laguna Colorada, un gran estanque natural que, a causa del suelo arcilloso y las rocas del lugar, toma esta hermosa coloración. En períodos estivales, que es cuando la laguna se encuentra totalmente llena, se pueden ver de aves, flamencos rosados y patos que se acercan a la laguna para disfrutar de su naturaleza.

Para llegar a este atractivo sistema montañoso se puede utilizar bicicleta todo terreno o vehículo particular. | Imagen: Julieta Mazzeo

Si estás en plan de recorrer Jujuy y los famosos destinos turísticos de la Quebrada, no podés dejar de hacer unos kilómetros de más para visitar este rincón del mundo entre Argentina y Bolivia