Sexo

Yo me quiero enganchar, ¿y usted?

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28/02/2013

Yo me quiero enganchar, ¿y usted?

¿Qué pasa cuando ya ha transcurrido un tiempo y empezamos a añorar las épocas de una pareja estable? Cansadas de giras interminables y horas de chat, empezamos a buscar un amor verdadero y duradero.

Por Sol Chipian | Lic. en Psicología UBA

Estamos al tanto de que el rol de la mujer ha cambiado bastante en estas últimas décadas y, cuando una de las partes cambia, necesariamente la otra también.

Son muchos los lamentos de mujeres solteras que ya no saben qué hacer, qué decir, cómo actuar, para ganarse el amor de aquel hombre que por algún motivo se les ha grabado en la retina, en la cabeza y quizás en el corazón.

Algunas preguntan si existe algún manual, porque aseguran que los hombres de hoy en día deberían de traer uno, otras piden el consejo de sus amigas, las que están de novia, como si estas fuesen expertas en temas del corazón. Y otras aun más desesperadas buscan la ayuda de algún consejero sentimental, parapsicólogo o brujo que aunque sea les asegure que la mala racha no durará para siempre. Vayamos por partes porque, como todos sabemos, en cuestiones del amor nada es fácil.

amor verdadero

Sí sería sencillo que cuando una mujer le “hace ojitos” a un hombre porque este le interesa, captara rápidamente la insinuación y la invitara a salir o de lo contrario manifestara explícitamente lo opuesto: “No, sos divina pero estoy casado”, o “No, la verdad es que no me interesa tener algo serio por el momento” o, cuando menos, “No Negri, a mí me gustan las rubias”.

Pero frecuentemente esto no sucede porque hay algunos roles que están desvirtuados. No hay demasiada claridad cuando se tiene la intención de  gestar una “relación” de dos personas que al parecer se gustan.

Semana 1

S: El otro día  lo invité a Juan a salir, ¡ya fue, me encanta!! Tiene un no se qué que me vuelve loca… me dijo “podría ser”. Igual quedamos en hablar mañana.

E: ¿Ah si, y?

S: Al final no pudo, tenia el cumpleaños de la hija del jefe y me dijo que no podía faltar.

Semana 2

S: ¡Que emoción! ¡Juan me invitó a salir mañana! Me dijo de ir a un barcito tipo pub que está muy bueno, tengo que ver qué me voy a poner.

Más tarde…

E: ¿Y cómo te fue en la cita con Juan?

S: Callate que no salí, me dijo que tenía que estudiar un montón.

Semana 3

S: Che, Juan me dijo que hoy el amigo hacia la fiesta de egreso, que “si me pintaba ir que cayera” Igual es temprano, me dijo que hablábamos bien más tarde.

E: Uff, este pibe…

S: No entiendo, ¿me está invitando a mi sola estilo cita o de buena onda? ¿Voy sola o con las chicas? ¡No lo entiendo a este pibe!

E: ¡Decime que lo viste ayer, te lo pido por favor!

S: No, no por que no haya querido si no por que no apareció… evidentemente o tiene novia o esta en otra no sé… pero me cansó.

Si bien la mujer de hoy en día es independiente -muchas son cabeza de compañías, ocupan cargos jerárquicos con sueldos que superan a los de muchos hombres, etc.-, la famosa frase que me repetía mi abuela: “el hombre propone y la mujer dispone” debería mantenerse. ¿Y cómo? Queriéndonos más. Como ya lo decía el gran John Lennon, antes de amar a alguien, primero debemos estar enamorados de nosotros mismos.

Si nosotras estamos seguras de quienes somos, de lo que queremos y de lo que no queremos, y de todo lo que podemos dar, creo que sería el primer paso de un largo camino que sin lugar a dudas dará sus frutos.

Nadie dice que esperemos a que el amor caiga del cielo, todas sabemos utilizar muy bien el arte de la sensualidad sin necesidad solamente de un buen escote o una mini corta. Todas sabemos muy bien cómo hacerle saber a un hombre que estamos interesadas en él, pero una cosa es una mirada fulminante y otra muy distinta es quedar expuestas una y otra vez a su poca claridad y aparente indiferencia.

Cuando un tipo está verdaderamente interesado en una mujer para algo más que una noche se lo hace saber, pero a veces mucha palabra crea desconfianza, sobre todo cuando se viene bastante vapuleada, de tanto ensayo y error. En cambio el gesto, las acciones, dicen mucho más.

El hombre fue, es y será un eterno conquistador, le gusta ir detrás de aquella mujer que ha captado su interés, ganársela, remarla. ¿Y eso que quiere decir?  ¿Que somos trofeos? No, eso quiere decir que valgo la pena, porque te puedo asegurar que conocerme te va cambiar la vida, porque compartir tu vida conmigo te va a dar la posibilidad de crecer y porque sé que tengo muchas cosas por aprender pero las quiero aprender con vos. Porque estoy muy bien sola, pero hoy es mi elección no estarlo más.

Me parece muy importante tener en cuenta que el peor motivo para buscar pareja es por no querer estar solos, porque a causa de la ansiedad y la desesperación elegimos lo peor, o peor aún, no elegimos. ¿O acaso cuando tenemos mucha hambre no comemos lo primero que encontramos en la heladera?

Muchas de nosotras tenemos la extraña percepción de que teniéndoles paciencia, tolerando muchos desencuentros, y exponiéndonos a sus constantes negativas les demostramos que verdaderamente estamos interesadas en ellos y lo buenas minas que somos. No seamos ingenuas, esto es cualquier otra cosa menos amor.

La moraleja es que aunque siempre podemos elegir entre conformarnos con algo sencillo de conseguir pero a la vez efímero, debemos perseguir aquello que nos cueste más pero sea duradero.

Debo confesarles que a muchas de nosotras nos gusta que nos sigan invitando en la primera cita y escuché por ahí que a algunas las sigue seduciendo que les abran la puerta del auto, ¡aunque el auto sea de ellas!